viernes, 6 de abril de 2018

MOMENTOS DE PASIÓN - EPÍLOGO

Atípico ha sido este larguísimo Viernes Santo, que empezó con los primeros rayos del sol calentando la tierra y enfriando nuestros corazones con la noticia que traían. Esos rayos se truncaron para darnos unos momentos de tensión, pero igualmente sublimes, como toda nuestra Semana Santa. Todo parecía recobrar la normalidad cuando los Dormis acudían a su inalterable cita con la Cama y su Pasodoble, y nos encontramos un Santo Entierro aún más pesaroso de lo habitual, dándonos a vivir momentos grandiosos en sus primeros pasos y en su postrera recogida. A pesar de ser ya Sábado Santo, a pesar de que el cielo ya se ilumine, escondiendo la luna de plata que venció a la nube de la madrugada, Viernes Santo para mí aún no ha terminado. Queda hacer una cosa, acudir al Velatorio. Sepulcral el silencio de San Joaquín a esta hora tardía, o más bien temprana, tan sólo iluminada su nave con velas que indican el camino al Cuerpo Yacente de Cristo, tendido en el centro del altar junto a su Madre, que lo llora desconsolada. No eran dos imágenes, era de verdad un velatorio. Tengo por cierto que todos los que por allí pasaron y ante su Faz muerta se sentaron vieron en ese cuerpo tendido a sus propios difuntos. Yo sentí que aquellos que ya se me fueron estaban allí, aguardando junto con Cristo la Resurrección.


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Mi altar particular está vacío. Son casi las 9 de la mañana del Sábado de Gloria y yo aún no he descansado, habia que hacer memoria de todo lo vivido esta Cuaresma y esta Semana. La fragancia a rosas del Perdón, de la Coronación y de mi Nazareno despierta en mi mente los recuerdos que hoy se recogen aquí. Ahora si, mi Semana Santa ha terminado, ahora sólo queda esperar la Pascua de Resurrección, durmiendo igual que el Señor de la Cama.


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Tarde de Sábado Santo. Anticipo de la Gloria. Gloria reflejada en la alegría de los niños. Pero es una alegría que a nosotros, los mayores, más conscientes del paso del tiempo, es una alegría empañada por la nostalgia. La música es ahora para mí lo que importa, ya dejo de estar pendiente de la fotografía o de otros menesteres, sólo disfrutar de estos últimos instantes de Semana Santa. Corta la caja en la calle Canovas del Castillo, girando hacia Buitragos, y comienza a sonar el ciezanísimo pasodoble "Santa María Salomé", ese pasodoble que tan grabado tengo en mi corazón. No pude evitar llorar. Eso es Semana Santa, emocionarse sin razón, incluso en la tarde más alegre del año.

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Domingo de Resurrección, calle Salvador Seguí. Después de hacer la esplendida Cortesía, ese broche de oro de nuestra Semana Santa, y lucir la alegría de la Resurrección, cuando la carrera llega a su ecuador, vuelve a sonar Santa María Salomé. De nuevo empiezo a llorar. Es el pasodoble de mi infancia, de mi hermandad, es con el que se cierra mi Semana Santa, al igual que tantas cosas... Viernes Santo era un día de despedidas, pero hoy, Domingo de Resurrección, cuando el cortejo llega a la esquina de la calle Santo Cristo con Cánovas del Castillo, todo parece ir disolviendose. Hoy es el día de la despedida definitiva: Cristo asciende a los Cielos, los pasos se oscurecen en la Casa de los Santos, volviendo a dormir hasta dentro de más de un año. Muchos de los amigos y compañeros que esta semana han estado aquí, vuelven a sus lugares de origen. Por eso lloro al ver entrar a mi Salomé, por eso suspiro al ver a la Virgen del Amor Hermoso resguardarse del Sol en la Ermita de San Bartolomé, por eso lloro al tocar "Santa María Salomé" en la calle Salvador Seguí, porque se que todo acaba ya, y una Semana Santa como ésta no volverá, porque cada año es distinta. Así está la magia del Domingo de Resurrección, que siempre te deja con ganas de más, de mucho más, para que puedas disfrutar más plenamente cuando la mañana vuelva a nacer y Cieza vuelva a ser Jerusalén.

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Lunes de Mona. Mientras limpio la casa, saco la vieja cinta de cassette de Semana Santa y vuelvo a escuchar los sones de las marchas de Gómez Villa y Antonio León. Poco a poco, los vestigios de esta gran Semana van desapareciendo. Las flores, las colgaduras, las túnicas, el olor a incienso y alhelí... Y paso a limpio todos estos recuerdos que he ido acumulando entre Miércoles de Ceniza y Domingo de Resurrección. Los momentos se agolpan en mi cabeza, las lágrimas en mis ojos mientras escucho el final de "Cristo del Perdón" y escribo esto. Recuerdo cada vez que he redactado una de estas entradas, una junto al Cristo de la Sangre en la calle cadenas, otra sentado en la escalera de la Asunción, esperando la llegada de la Soledad... Ahora suena el final de la selección musical de la Cassette, el Himno del Santo Cristo. Las lágrimas se evaporan y vuelve a mi la sonrisa, porque ahora empieza la otra Semana Santa: la de fotos y videos, la de recuerdos y esperas, la de procesiones por dentro y tertulias esporádicas, de pasar por la iglesia a cada rato a ver los Santos y llorar frente al portón de la calle Cánovas del Castillo. La Semana Santa de buscar cualquier excusa para sacar un trono a la calle, porque no aguantamos hasta Cuaresma. Una Semana Santa que se consagrará el 3 de mayo, cuando el Santo Cristo abandone una vez más la Basílica, buscando el refugio de su ermita, con todo su pueblo cantando a pleno pulmón "Cristo Bendito, Gloria de Cieza". Volveremos a llorar cuando eso ocurra, porque aún veremos muy lejano el Domingo de Ramos, y tendremos que esperar sentados en un banco de su ermita a que Él baje de su retablo y salga a la luz de la tarde del día más bonito del año. Hasta entonces, aguardaremos, que lo que nos gusta de verdad es la Espera, la Eterna Espera.

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Con este epílogo cerramos la Crónica de la Semana Santa de Cieza 2018, estos han sido mis momentos de Pasión, ahora os invito a que dejeis fluir vuestra memoria y recordéis esos momentos de la Semana Santa que os han marcado este año. Mientras, Pensamientos de un Ciezano y Redes Cofrades seguiremos ofreciendo nuestro contenido para que nadie olvide que cuando menos nos lo esperemos será otra vez Domingo de Ramos.



REPORTAJE FOTOGRÁFICO
SEMANA SANTA 2018

SEMANA SANTA 2018

miércoles, 4 de abril de 2018

MOMENTOS DE PASIÓN - LA PASCUA

Esperanza en la tarde. Las campanillas del palio al alcance de mi mano, con su repique de Esperanza. Verte pasar, Madre, por fin en tu palio como Reina que eres, mostrándote como prueba de que la Esperanza es lo último que se pierde, me llena de alegría en la tarde de Jueves Santo, cuando el sol aún no se ha puesto del todo. Pero viendote en esa tarde en que tú eres el centro absoluto de nuestras calles y corazones, que ya tendremos la noche para acompañar a tu Hijo, nuestro Señor, no puedo si no sentir melancolía de esas ocasiones totalmente opuestas a esta, pero semejantes en un aspecto. En lugar del ocaso, la aurora, en lugar de Reina y Señora, Madre y Mediadora, en lugar de primavera recién nacida, otoño en pleno vergel, en lugar de un manto de flores, un vestido de oraciones, pero el mismo milagro de tu mirada. Esa mirada, que me ha vuelto a traspasar desde la cercanía de una ventana en Diego Tortosa, me ha dicho que pronto nos veremos, en esas auroras silenciosas y discretas del mes de octubre, cuando volvamos a descubrir que el Rosario es un milagro en si.

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Silencio. Que bella palabra. Silencio ante Dios en el sagrario. Silencio ante la Agonía de Dios encarnado. Silencio de un llanto, escondido en la capilla, de una mujer, anónima bajo el capuz, que esta madrugada recorrerá Cieza iluminando tu paso, llevando la luz que tu mismo has iluminado. Qué bien se está aquí, Señor. Dónde si no se puede ver tanta gloria junta. Dios sacramentado, vigilante en el sagrario, Cristo Crucificado, agonizando en Silencio; y Espíritu Santo, inflamando con su fuego nuestros corazones enamorados de ti. Son muchos los recuerdos de hoy. Pero hace tiempo sabia que el momento de pasión de jueves santo sería para el Silencio. Escondido en la capilla, el murmullo de la iglesia se apaga, tu eres el muro que acalla ese murmullo, tú bloqueas ese quedo influjo con tu silueta recortada contra las bóvedas de la basílica. No son pocos los que vienen ahora junto a ti a llorar como esa anónima mujer que esta noche ha hablado contigo entre lágrimas... Antes incluso de verte en la calle.

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De nuevo y por fin (tras la, por desgracia, abarrotada y bulliciosa carrera) Silencio... y lágrimas descontroladas en tu capilla. Se que al otro lado de la pared tu agonizas en el getsemaní del Sagrario, pero no puedo si no llorar con el Aria de Bach, que aún resuena en los rincones de la capilla y de la Plaza, con el Cerca de Ti, que con queda voz he cantado a tu lado... Igual que resuena en mi corazón ese momento en que, a viva voz, te he pedido Liberame Domini de Morte Aeternam, mirándonos a los ojos en una calle San Sebastian que nunca podrá entender esa mirada. Y es en la calle del Barco donde otra mujer lloraba, no con los ojos sino con el alma, buscando el único lugar del recorrido que aún queda para poder hablar contigo en Silencio (pues, como recordé esta cuaresma, en el silencio habla Dios). Miradas apoyadas en las fachadas de las calles Cadenas y Barco, buscando el Silencio de tu paso, el recogimiento y la oración que nos invitas a realizar. Empezar a desgarrarme el alma, como tantas veces, en las claras, y supurar esa herida en lágrimas de despedida, un Jueves Santo más, en tu capilla es mi recuerdo de este Jueves Santo.

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Qué triste un Viernes Santo sin caracolas. Que triste un Viernes Santo sin plumas romanas frente a los Valencianos. Que hoy los armaos no están escoltando al Nazareno, que se duelen al velar su particular "Cama de Cristo". Qué triste una Esquina del Convento sin marchas sonando, sólo silencio y cajas de luto. Qué triste un Viernes Santo sin el Santo Cristo cerrando el desfile en la Plaza Mayor, con ese particular poetismo que lleva a la Dolorosa y a su Hijo por caminos distintos: el uno al Sepulcro de la Iglesia, la otra a la Casa-Museo de su Dolor. Qué triste para mi cruzarme a través de la calle mesones a mi Nazareno, sabiendo que ya no lo veré más en la calle hasta dentro de mucho, despidiendome de Él en la cercana lejanía de correos, mientras yo sigo escoltando al Consuelo por la Esquina del Convento. Mas, que curioso, lo triste se vuelve alegre. Esa despedida no será tan extensa, que en octubre, si el Nazareno quiere, nos volveremos a encontrar. La lluvia que truncó el Via-Crucis del Penitente, convirtió Viernes Santo en 3 de mayo, con Cieza aplaudiendo a su Cristo a paso ordinario, sólo faltaba una chispa que desencadenara en sus voces el Cristo Bendito. Esa misma lluvia, que nos dejó con la procesión a medias, consiguió que esta se cerrara con La Cortesía, y qué insólita y ciezanísima estampa la de ver a la Dolorosa entrando con un pasodoble. Así es Cieza y así es la Semana Santa, la tristeza del final inminente se convierte en la alegría de la última mañana. De esta forma, Viernes Santo se convierte en día de despedidas: la del Nazareno, la de la Dolorosa, la del Santo Cristo... No hay día, pues, mejor recibir la llamada del Padre, pidiendo tu retorno a Casa. Hoy que recordamos la Muerte de Cristo, estamos con más razones de luto. Pero ya nos lo decía anoche María. Siempre hay que tener Esperanza. Si el propio Cristo murió (y sigue muriendo) hoy, no hay mejor día para asociarse a su Muerte, partiendo con la serena seguridad de que está próxima la Resurrección.

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Viernes Santo y la Semana Santa de Cieza, tan cambiante y voluble como la vida misma. En un momento todo es luto y llanto, al siguiente estamos corriendo al son de la Cortesía, huyendo de la lluvia. Y qué cosa tan curiosa esta, comenzábamos con Semana Santa Ciezana donde debiera estar un pasodoble, y donde debiera estar una marcha lenta... La Cortesía. Esos cambios son Semana Santa, y esa simetría poética. En un momento estás cantando La Muerte no es el Final y al siguiente bailas al son del pasodoble de los Dormis, en una magnífica tarde de traslado. Después de la tristeza de la mañana y del mal tiempo a mediodía, encontrarme con la Cama de Cristo de frente al salir de los oficios era justo lo que necesitaba para recobrar las fuerzas y los animos para afrontar la noche. Que cosa más ciezana, tornar el luto en danzas, el llanto en cantos, convertir el Sepulcro en la Cama y mecerla a tan ciezano paso. Que bello ese momento. Ya habrá tiempo de llorar y emocionarse esta noche, ahora hay que reir y disfrutar de esos regalos que la Semana Santa de Cieza nos hace.


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Viernes Santo, día de despedidas, noche de llanto y emoción, de luto, recuerdos y homenajes, de oraciones y silencios. No hay procesión más melancólica que ésta, tanto por el caracter de entierro de esta noche santa como por la consciencia que todos vamos cobrando de la cercanía del fin. Mas aún hay tiempo de sorprendernos y descubrir nuevos momentos. De nuevo la música y de nuevo la cama. Una magnífica marcha, de corte clásico, muy al hilo de Getsemaní, de un buen amigo y compañero, tan perfectamente hecha que parecía que siempre ha sonado en esos últimos tramos del recorrido, donde la luz se funde con la sombra del campanario y todo se vuelve quedo y apagado, como si entráramos en un camposanto. El Rey Duerme, orlado de ángeles, escoltado con los más altos honores, camino del sepulcro que el Domingo aparecerá vacío. Para mí, tan cerrado en gustos musicales, enamorado para siempre de Dorado, San Miguel y Cebrián, descubrir de esta forma una marcha que me llegue al alma es poco menos de un milagro. Por eso, de todo Viernes Santo, de todo el Santo Entierro, me quedo con la Cama girando hacia la Calle San Pedro, que esta noche es la puerta de la tumba donde será depositado Cristo, al son de el Rey Duerme, de Javier Cano.

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La luna quiso asomarse a verte salir, Señor, en tu camino entre la Muerte y la Resurrección. La luna quiso asomarse pero las nubes no le dejaron. Quiso también la lluvia saludarte, asustándonos a todos, mas tus cofrades son fuertes y pacientes, y avanzaron sin miedo hacia la calle de la Hoz, esa puerta al inframundo que te lleva hacia la bajada del Muro, buscando salvar a Adán y a todos nosotros con él. No pudo vencer el mal tiempo, y recorriste tu itinerario, cerrando así la Pasión y abriendo la puerta a la Resurrección. La iglesia envuelta en una nebulosa de incienso, la luna llena filtrando sus frios rayos por el arco de la puerta y Tú reinando sobre todos nosotros arrodillados. Oh, Dios del Cielo, Señor de lo Infinito, tiende tu mano y abre los abismos. Es este momento con el que me quedo de esta procesión, al igual que todos los años, por ser el instante en que la Semana de Pasión toca a su fin. Ya sólo queda la Gloria de la Pascua.



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Aquí culmina la Pasión de Cristo según Cieza, una Pasión que este año nos ha sorprendido como si fuera la primera vez con su tradicional forma y con esos momentos atípicos que nos han hecho vivir instantes históricos. Ahora, cuando Sábado de Gloria ya comienza a despuntar en el horizonte de la Atalaya, se cierra este capítulo de la Crónica.

lunes, 2 de abril de 2018

MOMENTOS DE PASIÓN - LA GLORIA

¡Por fín ha comenzado! ¡Por fin ha regresado! ¡El reloj por fín se ha parado! Es Viernes de Dolores y no podemos estar si no felices. Hasta la lluvia y el viento quieren ver a nuestra Dolorosa en la calle. Y el frío arropar al Cristo de la Misericordia. Hoy, Viernes de Dolores, comienza este diario de Momentos de Pasión, diario que se cerrará con las puertas de la Ermita de San Bartolomé al mediodía del Domingo de Pascua. Pero ese domingo aún se ve muy lejano, aún queda mucho camino por recorrer, muchos momentos por vivir.

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He llorado. Si, he llorado. De nuevo María, nuestra Madre, Lucero que anuncia el día y Estrella de la Tarde. Maria, Madre, a quien los niños acompañan. De nuevo los niños. Cuánto hemos de aprender de ellos,  pues, quien no se haga como uno de ellos, no entrará en el Reino de los Cielos. Y hay que saber llorar, como ese niño vestido de monaguillo, incensando al Medinacelli en su ultimo y breve trayecto, el justo para cerrar su camino y despedirse de su Madre. No se por qué lloraría el niño, pero si se por qué lloraba yo. El Camino de Jesús de Medinacelli se acaba, la cuaresma que me ha hecho volver a enamorarme de la semana santa ha terminado. Pero mas que eso, he compartido las lágrimas de la Dolorosa al despedirse de su Hijo. Qué se dirán cada Viernes de Dolores en esa eterna y atemporal despedida. No se las palabras exactas, pero se que me han hecho partícipe de ellas, llorando con Maria, como un niño que busca asustado a su madre. Y aún sigo llorando mientras repaso todo este día y rezo abrazado al leño de la Misericordia. Y qué agusto se llora abrazado al Padre y cogido de la mano de la Madre.

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Esta noche hemos rezado el rosario con la Cofradía de la Caridad, que nos ha mostrado los misterios dolorosos por las calles de Murcia. De repente, entre las nubes movidas por el fuerte viento, la luna, uña cada vez más completa, se ha asomado para que Jesús, agonizante ya esta noche en Getsemaní, la contemplara entre el Romea y Santo Domingo. Que bella estampa, y que conmovedora. Jesús, desmayado en brazos de un ángel, mira a la luna con su luz reflejada y saca de ella fuerzas para afrontar su calvario. Que al contemplar éstos días la luna, sepa yo también encontrar fuerzas para resistir el duro ritmo de esta Bendita Locura, una Semana que ya ha comenzado, pues ya pasan de las 12 y, oficialmente, ya es Domingo de Ramos.

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Ya es Domingo de Ramos y no podemos ser si no felices. Llevo toda la mañana silvando "el Ángel Triunfante", desde que me he levantado y he visto el sol Radiante, el Sol de cada Domingo de Ramos. Sin embargo, aunque no me termine de convencer ver a la Burrica a paso lento en la Calle San Pedro, en ese penúltimo rincón de la procesión donde el cortejo se despoja de filas y nazarenos de todas las cofradías y hermandades esperan para disfrutar del alegre paso de Jesús entrando Triunfante en la Jerusalén Ciezana, he de confesar que algo se remueve en un recoveco de mi alma cada vez que suena Semana Santa Ciezana. ¡Qué acertado estuvo Gómez Villa! ¡Qué bien describió nuestra Semana Santa, que era también la suya! Tan bien la condensó en su marcha que esa obra queda bien con cualquiera de los Pasos y Procesiones. Si hasta parece que la marcha cambia cuando se interpreta en distinta calle, tras un paso distinto, en una porcesión distinta, pero nunca desentona. O bien Cieza se amolda a esa marcha, o bien esa Marcha está hecha a la justa medida de toda Cieza. Y, aunque no debiera sonar una sola composición lenta en la Mañana de Ramos, doy gracias a los Dormis por colocarla en la Calle San Pedro, al regreso de la Procesión de la Palma, pues me ha permitido darme cuenta de esta verdad: "Nunca podremos estar suficientemente agradecidos a don José Gómez Villa por Semana Santa Ciezana".


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Ser fotografo te permite vivir momentos inolvidables, colarte en los más inusuales y privados recovecos, capturar momentos inigualables. Pero, a veces, hay que detenerse y ver la Semana Santa como un procesionista de las aceras, dejar la cámara a un lado y disfrutar del momento sin la lente entre tu vista y la cofradía. Lunes Santo. Yo que te he menospreciado, dándote en mi corazón un valor inferior al que tienes, hoy me has enseñado esta valiosa lección. Me has ofrecido la Cruz de Doble Brazo, sabiendo lo que siento por esa marcha, me has recordado por que soy músico. La musica explica todo aquello que las palabras se ven incapaces de transmitir. Solo esa marcha, combinada por el paso retenido en el lugar de la siguiente estación, meciendo al Cristo de la Sangre como sólo un Ciezano sabe hacer, solo eso es capaz de explicar mis lágrimas apoyado en una pared de la calle cadenas ante el Cristo de la Sangre.




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Las carreras, eso es Semana Santa. Una carrera para preparar las cosas para retransmitir, otra carrera para llegar al Prendimiento, corriendo de nuevo porque no llegaba a la retransmisión, sin poder ver salir al Nazareno por ello. Corriendo ahora a dejar las cosas y poder pillar a la Cena antes de que entrara, corriendo a ver a mi hermano cargando con el Señor, a tiempo para echarle una foto, y corriendo por la calle empedrá para grabar al Prendimiento entrando. Y más carreras para pillar entrando a la Oración al son de su pasodoble "Los Dormis". Y, finalmente, corriendo para poder acompañar a mi Nazareno en sus últimos tramos. Eso es Semana Santa, querer estar en Misa y Repicando, grabando, echando fotos y cargando. Eso es Semana Santa, estar lo más vivo posible y no perderte ni un segundo de procesión. Por eso corro entre esquina y esquina, por eso voy corriendo de calle en calle, porque Semana Santa es la vida que pasa volando.

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Miércoles Santo es alegría, miércoles Santo es ciezania, jolgorio, tradición. Miércoles Santo es Solemnidad y Adoración, es rezar con Mater Mea y cantar con Antonio León. Miércoles Santo es el culmen del Ciezano procesionar. Es ver a los niños alegres sintiéndose anderos, algunos por vez primera. Es un río espumoso desbordándose por el paseo y una tranquila acequia verde regando las claras. Es el murmullo de las túnicas y el vaivén de las galas, es la sombra del judas iluminando la penumbra del campanario y la Luz del Alba, anticipada por la luna, acariciando su pico. Es esperar apoyado en una pared tu relevo mientras pasan las cofradías y correr para verlas a todas de esquina en esquina. Es el propio Cesar romano paseandose por la Calle de la Parra y la Dolorosa llorando a los pies de la cruz de su Hijo el Consuelo, a las puertas de la iglesia. Son las campanas de San Joaquín aclamando a su Señor, el Perdón. Es la Pasión y la Tradición, es la musica y el paso, es el terciopelo y el oro. Miércoles Santo es Semana Santa de Cieza en estado puro. Miércoles Santo es un niño, vestido de Magdalena ya con dos años y media lengua, preguntándole a su padre, que lo lleva en brazos, los nombres de cada uno de los santos, y el padre respondiéndole, empapandolo del veneno que a todos nos llena estos días, perpetuando nuestra tradición.

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Y con la luna, casi llena para la Pascua, dialogando con la Luna encarnada, Luna atravesada de Dolor, se cierra este largo Miercoles Santo y, con él, esta segunda parte de la Crónica de la Semana Santa de Cieza 2018. Ahora, cuando el sol se levante, será verdaderamente Jueves Santo, comenzará el Tríduo Pascual: Cénit, cúlmen y broche de esta Semana Bendita.



jueves, 22 de marzo de 2018

MOMENTOS DE PASIÓN - PREFACIO

He de confesar que no quería volver, que estaba hastiado y apático, sin ganas de marchas ni de incienso. El año pasado fue tan intenso que, pasado el sueño navideño, apenas me quedaban ansias. Lo veía todo gris y sin sentido, se convirtió en cenizas el fuego que me inflamaba, se apagó en mi la llama de la Pasión. Estaba triste y apagado, mas el viento frío del mes de enero sopló con su fuerza y, las ascuas que en mí creía extinguidas, cobraron potencia y crecieron, extendiendo el incendio que se propaga entre abril y marzo por mi ser. Y hoy, arrepentido por mi traición a mis principios, vuelvo llorando a la Iglesia, buscando aquello que quise dejar atrás y que, ahora, cuando aún no ha hecho sino comenzar, ya añoro con todas mis fuerzas.

Igual que con mi cámara, este año mi alma ha retratado escenas, momentos, instantes de nuestra Semana Grande. Ha guardado esos pequeños detalles que, sumados, convierten a Cieza en Jerusalén durante una semana y hoy, cuando la cera espera para revestir las duras calles de adoquín, el caramelo quiere endulzar las aceras y de los rincones ya emanan aromas a incienso y flor, vengo a traeros esas perlas de memoria que he ido atesorando desde que el día de San Valentín volviera a enamorarme de la Semana Santa de Cieza.

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Y, de repente, volví la cabeza, mirando hacia el gentío, y vi el campanario iluminado, eclipsado por la espesa cabellera del Medinacelli, parado allí, en su segunda caída, que esta vez le sobrevino en la calle del Cid. Sentí, por fin, que estaba en casa. Los agobios que había sentido hasta hacía unos días, las dudas, la apatía, el cansancio, todo se disipó. Junto a mí volví a sentir la mano de aquellos que se me fueron, rescatados del recuerdo por el ondear de las galas, el aroma a clavel y lirio y la doliente y estoica mirada de Nuestro Padre Jesús, el Medinacelli, de nuevo en Via-Crucis. Me vi de la mano de mis mayores, aprendiendo los cantos, aprendiendo a rezar, aprendiendo el significado de la Pasión. Y vi a dos niños, vestidos de monaguillos, con el incensario y la naveta, esforzándose por mantenerse serios como el desfile requiere. Pero sus progresos en esta materia quedaban destrozados por su delatadora mirada, que si sus bocas se cerraban con fuerza, sus ojos sonreían de oreja a oreja, porque al fin había llegado la Cuaresma. Me redescubrí a mi mismo en esas miradas, volví a ser el niño enamorado de un trono (o de todos ellos) que siempre he sido.

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Silencio. Qué palabra tan bella. Recuerdo que en catequesis, cuando era pequeño, a menudo nos decían que en el Silencio se escucha a Dios. Y nunca terminé de comprender esas palabras hasta que, un Jueves Santo, vi al Cristo de la Agonía despedirse de las Clarisas. También comprendí que el Silencio es más potente cuando lo acompaña la música inspirada. Silencio. Silencio en la Iglesia. Silencio y Oscuridad, como un Jueves Santo condensado en una tarde de domingo de febrero. “Pie Iesu, Domine, dona eis Requiem”. Tenue iluminación de candelas… y de los violáceos y mortecinos faroles del Silencio. Hombres vestidos de gala y luto, portando a Dios hecho Madera por la nave central del templo hacia la capilla que es su casa. Calla el tambor y entona el órgano un acorde que sirve de sostén a la soprano para arropar en su melodía al Cristo de la Agonía. Llegados a la capilla, se hace el Silencio donde se escucha la voz de Dios. Y la divina voz se transmutó de nuevo en órgano y canto, a través de una de las más bellas piezas, y la más acertada a mi parecer para el momento de elevar el Madero Salvador: “Pie Iesu, Domine, dona eis Requiem”. El Pie Iesu del Requiem de Fauré y el Cristo de la Agonía subiendo a su trono, en su paciente espera para el Jueves Santo, transportaron mi alma a un lugar donde la Paz Eterna brilla como único sol. Necesito tanto de ti, Señor. En apenas dos instantes me has devuelto la Pasión y has despertado mi Fervor. Espero reencontrarme contigo cuando de nuevo se apague la luz, luzcan las candelas y se pueda escuchar tu voz. Cuando sea el Silencio.

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Primer Viernes de Marzo, una tarde lluviosa, y qué belleza más cofrade es esa lluvia, que tanto bien hace a nuestras huertas. Hemos de recordar que el agua es necesaria y, si ha de llover en Semana Santa porque sea el momento propicio, que así sea, pero que nadie pase hambre por falta de lluvia. En esa tarde de viernes, a parte de por lluviosa, el Medinacelli se queda en su altar del Convento para recibir mejor la lluvia de besos que los ciezanos le dispensan en ese día. Tal es el fervor que el pueblo de Cieza atesora que pocos son los ciezanos que no pasan ante sus plantas a besar sus desgastados pies. Es imposible negar que nuestra localidad tiene un sentir religioso y cofrade muy arraigado, que sigue pasando de padres a hijos. Tanto es que, aun durante la misa y el rezo del via-crucis, no hay bastantes hermanos de la cofradía para contener a quienes se lanzan fervorosos a rozar apenas la orilla de su túnica. No hay más que pasar por allí a cualquier hora de ese día para descubrir cientos de oraciones, hechas beso, mirada y cirio ofrendado, que cubren cada palmo del antaño convento franciscano. Esa mujer mayor que le pide por sus hijos en paro, por su marido enfermo, por aquellos que ya se fueron y por ella misma, para que su Señor de piel morena le conceda al próximo año poder volver a besarle los pies. Ese hombre que silenciosamente se acerca y, rápidamente, le besa los pies, pues tiene prisa para seguir con sus quehaceres, con su trabajo, con su família y en ese ligero beso reza por los suyos. Esa madre que lleva en brazos o de la mano a su hijo pequeño, a enseñarle lo que nos hace ser quien somos, nuestra identidad, enseñandole, como su madre a ella, hay que besar los pies al Medinacelli. Y así se perpetua lo que tanto molesta a muchos: la tradición y la devoción de rendirnos a Jesús de Medinacelli como Padre y Señor Nuestro.

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Eres la Virgen de Gracia y Madre Nuestra querida. En verdad eres madre nuestra porque, al verte salir por el angosto arco de tu clausura, nos sentimos como niños. Y es que la noche del traslado de Nuestra Señora de Gracia y Esperanza es una noche para los niños. Una noche para ese niño, cuya mejor herencia es estar enfermo con esta bendita locura, aferrado a una farola a hombros de su padre, alzándose como Zaqueo en la higuera para ver pasar la procesión. También para esa niña que hoy estrena túnica y lleva alegre su vela porque por fin puede salir desfilando como su hermana, como su padre... Y es una noche en la que nos volvemos como niños con un juguete nuevo, pues por fin vemos el final de la espera cerca. Por fin las calles huelen a incienso, la cera resbala sobre el adoquín, las paredes proyectan ecos de marchas y las ventanas reflejan destellos de candelas. Por fin hay un trono en las calles. Y qué casualidad que sea la primera una Virgen, una Mujer que, lejos de someterse, acepta de buen grado la misión que se espera de ella y se convierte para todos en un ejemplo de entereza, siendo luz y esperanza, manteniendo sobre sus hombros el peso del mundo cuando todo es oscuridad y pesar. Y qué casualidad que sean niñas la mayoría de su tercio, y que tengamos dos relevos para su pequeño paso compuestos de mujeres, porque sin ellas, sin todas las mujeres anderas, nazarenas, penitentes, bordadoras, floristas, músicos, directivas, fundadoras, madres e hijas, la Semana Santa no sería Semana Santa. Digo "qué casualidad" porque no fueron pocos los insultos y críticas que la Iglesia y las Cofradías se llevaron en algunas de las manifestaciones por los derechos de la mujer (celebradas apenas dos días antes), cuando, sin la mujer, iglesia y cofradías se hundirian.

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Las carreras. Ir de esquina en esquina corriendo para alcanzar la cabeza de la procesión, buscando al Medinacelli una última vez antes de ir al encuentro de San Pedro. Eso es Semana Santa. Las conversaciones con esos compañeros cofrades, a los que nos une esta bendita locura, los encuentros en cada acto, la emoción antes de que se abra el portón de la iglesia y el contenido suspiro en el rotundo silencio que se forma cuando este se abre, mostrando interminables filas de nazarenos dentro. Eso es Semana Santa. Vivir la cuaresma como si no hubiera más año fuera de marzo, querer estar en todos sitios al mismo tiempo y correr hasta que las piernas no den de si para lograrlo. Planificarlo todo, intentar hacer de todo, no lograrlo y, en el error, descubrir que todo es maravilloso; que, gracias a una idea que nunca se llega a cumplir, te encuentras con San Pedro cara a cara, envuelto en incienso en un balcón del Camino de Madrid. Eso es Semana Santa.


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Cieza es Jerusalén. Así lo ha manifestado hoy Tomás Rubio, nuestro pregonero de este año, en uno de los mejores pregones que he escuchado jamás. Mientras sonaba Jerusalén y él nos desgranaba su prosa, cada fibra de mi ser vibraba, el vello se me erizaba e incluso alguna lágrima se ha escapado. Entre todas las verdades que ha dicho, todos los momentos que ha anticipado, todas las frases que ha pronunciado, la mayor de todas es el propio título, inscrito en grandes letras en las escaleras del altar: los ciezanos NO PODEMOS CALLAR LO QUE HEMOS VISTO Y OIDO. Así nos ha definido a todos los semanasanteros ciezanos. No podemos dejar de ser pregoneros en nuestro día a día de nuestra Semana Santa, lo que nos hace ser como somos.

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¿Que por qué me gusta tanto esto? ¿De verdad lo preguntáis a estas alturas?
Porque Semana Santa significa volver a ser como niños, como los niños que fuimos un día, echándole besos al Señor desde los brazos de nuestra Madre, o aprendiendo a rezar junto al Medinacelli de la mano de nuestra abuela. Porque Semana Santa es recordar a aquellos que ya no están y que un día te precedieron y enseñaron a vivir esa celebración. Porque Semana Santa es reencontrarte con esa gente que hacia tiempo que no veías y reír, hablar, criticar, filosofar y llorar junto a ellos sin necesidad de más explicación que la de una marcha. Porque Semana Santa es dejar de ser uno más y pasar a ser la razón por la que en esta semana toda Cieza se revuelve, para ti, sentado en tu silla, destinatario de las procesiones. Porque pasas de ser uno más a ser la fuerza justa que hacia falta para terminar de levantar el trono, el capuz justo para que las filas no parezcan vacias, la ultima flor de  un centro, la puntada de gracia de un manto o la nota que faltaba en el acorde. Porque pasas de ser uno más a ser el más importante, porque gracias a ti, ese grano que solo no hace granero pero ayuda al compañero, una persona ha visto desde lejos tu procesión, la ha hecho suya y se ha enamorado como tú de ella. Porque la Semana Santa nos engrandece. Por eso tanta emoción en estos días de cuaresma, por eso tanto fervor con los días que vienen. Ahora toca vivir y no soñar, mañana es Viernes de Dolores, mañana se acaba la Cuenta Atrás.

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Aquí termina esta primera parte de la Crónica de la Semana Santa 2018, esta crónica en forma de diario y recopilación de momentos y reflexiones. Ahora toca disfrutar de la Semana Santa 2018. Os invito a hacer igual que yo haré e ir en busca de momentos que almacenar en nuestro recuerdo.
¡FELIZ SEMANA SANTA 2018!

CUARESMA 2018

martes, 20 de marzo de 2018

CUARESMA 2018: CUENTA ATRÁS

¡Por fín ha llegado! Ya estamos en verdadera cuenta atrás. La Cuaresma, el tiempo de preparación va tocando a su fin y nuestros corazones están ya listos para llenarse de Pasión. ¡Ya está aquí!

Tiempo ha que el Medinacelli nos acompaña en nuestro Via-Crucis cuaresmal, ayudándonos a limpiar nuestros corazones. Hace semanas que el Cristo de la Agonía está puesto en su trono, aguardando pacientemente la media noche de Jueves Santo. Hace también una eternidad ya que la Virgen de Gracia y Esperanza abandonó su reclusión monacal para acercarse al corazón del barrio, para dormir a la sombra del Campanario en la espera de la tarde del mismo Jueves que su Hijo agonizante. San Pedro bajó del cielo de Santa Clara y la Dolorosa ya preside San Joaquín esperando su Viernes, pues poco queda ya para que Ella abra las Vísperas, anticipando junto a su Hijo, el Señor del Convento, el Domingo en que el Paseo se convierta en río áureo y multicolor, como ya lo hizo el pasado domingo, aireando los Estandartes para pregonar que, como hace años se dijo en Sevilla: "Para tocar el Cielo con las manos, nos falta sólamente una semana".

No quiero hacer yo ahora otro pregón, no quiero repetir lo que otros o yo mismo ya he dicho, sólo invitaros a dejar a un lado la rutina, olvidar por una semana el movil, el facebook, el instagram, el youtube, las redes sociales y salir a la calle a vivir en primera persona todo lo que va a ocurrir y no parapetarnos tras la infranqueable barrera de la pantalla digital. Pues la Semana Santa es para vivrla, no para tuitearla. Recordad bien que es tan sólo una semana y por cada minuto malgastado en las redes sociales, habremos perdido un precioso minuto de procesión que ya no recuperaremos.

Tambien invitaros a vivir esta Semana Santa como un encuentro con Dios, que se hace presente en nuestras calles por medio de las imágenes, y que revive en verdad los misterios de su Pasión, Muerte y Resurrección sobre los altares de los templos. Como ya invitaba al inicio de la Cuaresma: Acerquémonos todos al Altar, que es la mesa fraterna del Amor. Partamos el pan de la amistad con nuestros hermanos y reencontrémonos con Cristo, que en el Sagrario espera nuestra visita.

¡COFRADES!¡DESPERTAD! Que Cieza entera bulla. ¡LA PASIÓN VA A COMENZAR!


CUARESMA 2018

Desde Pensamientos de un Ciezano, Redes Cofrades y @SSCieza queremos agradecer todo el apoyo recibido en esta Cuaresma 2018. Esperamos que el contenido que os hemos ofrecido haya sido de vuestro agrado y que sigáis confiando en nosotros para hacer más corta la Larga Espera.

¡FELIZ SEMANA SANTA 2018!












viernes, 16 de marzo de 2018

CUARESMA 2018: DIVINA MADERA

Hoy inauguramos una nueva sección en el blog, una sección que ya tuvo un antecedente en aquella serie de reportajes titulados "Mirarán al que Traspasaron". Como en aquella, haremos una serie de descripciones de los distintos pasos de nuestra Semana Santa. Una descripción desde el punto de vista de quien les escribe. 
En el primer capítulo queremos hacer una pequeña apología de uno de los pasos que más polémica ha levantado en el panorama cofrade ciezano: La Santa Cruz, de la Cofradía del Stmo. Cristo del Consuelo.

"SALVADOS POR LA CRUZ DE CRISTO"

"Todo está cumplido". Viernes Santo por la noche todo está cumplido ya, la Pasión se ha consumado. Cristo ha muerto y en brazos de su Madre lo han dejado. Todo ha terminado, atrás ha quedado la dolorosa jornada. La Cruz ha sido todo el día de hoy algo oscuro, pesado, una carga, un instrumento de tortura y muerte. Sin embargo, en esta fria noche, todo se da la vuelta. Aquel que es la Vida, ha muerto, aquella que era la alegría de nuestra raza, llora desconsolada, y en la más profunda oscuridad de la noche, la negra cruz resplandece en luz dorada.

En este paso, la Pasión tiene su punto de inflexión. En la noche de la Muerte, el madero que le ha costado la vida a Cristo se yerge victorioso. La Santa Cruz encierra en si un gran simbolismo. Hasta este momento, el leño se nos ha mostrado como una madera oscura, de gran dureza y pesadez, que ha amarrado a Cristo hasta la muerte, que le ha hecho caer en tierra bajo su peso. Era la representación de nuestros pecados por los que Jesús ha muerto. Ahora, significa todo lo contrario. Fue la perdición de Cristo, y ahora representa su victoria. En la noche se la muerte, la Cruz es un signo de triunfo que ya anuncia la Resurrección. Cristo ha muerto, si, pero con ello ha llenado el mundo de Vida.

Es una cruz redonda, una cruz arbórea, que representa la Cruz, no como instrumento de maritirio sino como fuente de vida. Una cruz de oro, signo de realeza y triunfo. Al aceptar la voluntad del Padre, el madero no es una carga, sino una corona, el signo y el principio de su victoria. Es también una representación del poder de Dios, que transforma incluso las más horrendas torturas, los más abyectos males, en instrumento de su voluntad, trayendo a través de ese mal un bien mayor. Por eso la Santa Cruz resplandece en áureos fulgores, iluminando con sus fulgores la noche más oscura.

Mas, para el ciezano, encierra un doble significado. Por un lado la victoria de Cristo sobre la Muerte y por otro, la Santa Cruz, la Cruz Sóla o Cruz Vacía, como popularmente se la conoce, es la metáfora perfecta del Viernes Santo. Cristo ha muerto y el mundo queda vacío en su ausencia. Cristo está muerto y enterrado, y nosotros sentimos su falta, y para un ciezano no hay mayor falta que la de su Cristo del Consuelo, aquel a quien llevan cada día en sus corazones y a quien se encomiendan cuando la tormenta ruge, el huracán nos hiere y las amargas horas nos afligen por doquier. La Cruz que ha portado a la Gloria de Cieza luce ahora vacía, y eso traspasa el alma enamorada del ciezano.

Es, en fin, el resumen del misterio de la Pasión y Muerte del Señor. Una entrega que deja al mundo triste, sólo y vacío, como el corazón del hombre cuando falta Dios, como el corazón del ciezano cuando le falta el Consuelo. Pero una entrega que ha transmutado oscuridad en luz y muerte en Vida, una entrega que manifiesta el poder de Dios, convirtiendo la madera en oro, la tortura en gloria y la Cruz en signo de Salvación.


martes, 13 de marzo de 2018

CUARESMA 2018: MÚSICA Y SEMANA SANTA 02X4

Y lo demás, como se suele decir, es historia. Desde los años 80 hasta hoy todos los estilos, hasta esa fecha muy definidos, empiezan a difuminarse. Cad compositor decide qué elementos introducir en una marcha y cuales no, sin limitaciones de ningún tipo. Ahora comienza a cambiar el "reparto de papeles". Ya no encontramos la música organizada en bloques de instrumentos. Cada instrumento realiza un papel propio, adaptado a su lenguaje, complementando al resto de voces e instrumentos.

Sin embargo, dentro de esta fuerte separación entre autores, se comienzan a distinguir dos grupos, como a mi me gusta llamarlos: los innovadores y los conservadores. Los conservadores son aquellos compositores que deciden en sus marchas volver la vista atrás, recuperar las sonoridades de las grandes marchas del pasado, aunque con un toque personal y renovando también el estilo. Los innovadores, por el contrario, buscan renovar por completo este género, introduciendo ideas musicales más propias de música de cine. 

En ese ámbito encontramos la última de las marchas de nuestro recorrido. Una obra que en los últimos dos años se ha puesto de moda en nuestra localidad, y con razón, aunque ya sonaba desde hace una década gracias a la banda del maestro Francisco García Alcazar, quien la trajo desde Caravaca de la Cruz, a cuya principal devoción está dedicada: La Cruz de Doble Brazo, de D.Ignacio Sánchez Navarro.

Es toda la obra una plegaria dedicada al Sanctum Lignum Crucis caravaqueño y un laménto fúnebre por la muerte del Redentor en la Cruz. Comienza de forma suave, con un pequeño coral de maderas que en seguida crece. Una plegaria de aspecto medieval que no se queda anclada allí, sino que se mantiene hasta nuestros días en los corazones y las voces de los caravaqueños. Comienza tras de esta introducción el relato de la Pasión, una melodía muy sentida que va progresando hacia el centro de la obra, de igual forma que Cristo carga con la Cruz hacia el Calvario. Tras de ese primer tema, interpretado por las maderas, entran los metales con dos voces que recuerdan de alguna forma al comienzo del desarrollo de "Mektub": Cristo cae en su Via-Crucis. Después de estas llamadas de los metales, de nuevo las maderas comienzan un  nuevo tema, basado en el primero. Todo nos recuerda mucho al desarrollo de la marcha de Mariano San Miguel. Sin embargo, a diferencia de esta, todo este fragmento está en modo mayor, más alegre. Si las llamadas eran las caídas, esta progresión son las despedídas: de su Madre, de la Verónica que le enjuga el rostro, de las Hijas de Jerusalén a las que consuela. Con la melodía, la instrumentación va creciendo y el matiz va subiendo hasta llegar a un tutti. El camino culmina: Cristo ha llegado al Calvario de forma heróica para cumplir la Voluntad del Padre. Ahora la música decrece, se va despojando de intensidad, del modo mayor y de instrumentos, de la misma forma que a Cristo lo despojan de sus vestiduras. Vuelve el tema principal: Cristo es clavado en la Cruz y perdona a sus verdugos. Ahora la música vuelve a crecer en un nuevo tutti de gran carga dramática: Cristo clama al Cielo, entregando el Espíritu. 

Cuando todo esto ha ocurrido, cuando Todo está Cumplido, todo se vuelve luminoso. Cambia la música, comienza el trío en modo mayor. Una dulce melodía que bien podría ser una nana que María canta a su Hijo. A esa melodía responde la banda en el último Tutti, convirtiendo ese dulce canto en un Himno de alabanza a Dios, que por la Santa Cruz nos ha redimido. Una vez termina este tutti, queda tan sólo un eco que se va diluyendo, desapareciendo, envolviéndonos en esa plegaria que sigue resonando en los corazones caravaqueños: la devoción a la Vera Cruz.

Una de las grandes virtudes de una marcha tan compleja y completa como esta es que no "aburre", mantiene el interés del espectador desde el silencioso comienzo hasta el dulce final, conduciendo a quien la escucha a través de la historia que va contando, una historia que cuenta a través de unas bellas y delicadísimas melodías, una construcción armónica magnífica y un control increible de la instrumentación. Todo ello hace que "La Cruz de Doble Brazo", a pesar de no ser tan conocida como otras, se merezca un puesto en el olimpo de la música procesional.

Con esta descripción de una obra tan sublime despedimos la sección de Música y Semana Santa por esta Cuaresma. Esperamos que os haya gustado y os haya hecho escuchar estas grandes obras con otra percepción.






viernes, 9 de marzo de 2018

CUARESMA 2018: A TRAVÉS DE UNA CÁMARA

Como ya viene siendo habitual, os traemos un artículo escrito por uno de nuestros colaboradores, que este año nos presenta un texto cuanto menos interesante que recoge la historia e idiosincrasia de un aspecto cada vez más presente en nuestra Semana Santa: la Fotografía.

La Semana Santa a través de la lente de una cámara 


Joaquín Bernal Ganga 
Estudiante de Historia del Arte en la UMU y aficionado a la fotografía 


Sin duda, en la época en la que nos encontramos de cámaras de última generación, drones y móviles que nos sirven para fotografiar cualquier instante de nuestra vida, podemos hablar dentro de la Semana Santa de una corriente relativamente antigua (pero que hoy vive su gran boom) la fotografía cofrade. 

Este movimiento, al alcance de cualquiera de nosotros, actualmente se inicia a la par que se comienza a extender la fotografía desde que fuese inventada (en el año 1826), lo que hará que podamos contemplar las primeras fotografías de pasos en la calle, nazarenos y demás elementos; principalmente de las procesiones de Semana Santa de Sevilla, donde se realiza “la primera fotografía nocturna” de la Semana Santa protagonizada por el Gran Poder y publicada por ABC en 1918. Las fotografías anteriores eran o de estudio o durante la jornada diurna o de tarde, de manera que los fotógrafos ofreciesen unas tomas con la suficiente luz para su realización, encontrando fotografías de estas características fechadas ya en 1870 (siendo habituales las postales de pasos ya desaparecidos e imágenes destruidas en el periodo de la Guerra Civil). Debido a esto, serán precisamente las hermandades sevillanas las que mejor repertorio fotográfico a nivel histórico posean, destacando especialmente las labores fotográficas durante todo el s. XX que ofrecen al espectador una idea de la evolución de las hermandades y cofradías, e incluso para documentar restauraciones de imágenes a nivel patrimonial. 

Aunque realmente interesante será la labor en la segunda mitad del XX de estudios como Haretón, Gard (recientemente fallecido) o Fernand entre otros, ya que, en el caso de los dos últimos, se trataba de vestidores de las imágenes que ellos mismos retrataban por encargo de la hermandad; destacando sus primeros planos y bellas creaciones (como la incorporación de elementos característicos de las hermandades o adornos florales en las postales). Si bien su labor era más de fotografía de estudio que callejera. 

En la actualidad la práctica de la fotografía cofrade es algo a la mano de cualquiera de nosotros; ya que, como he comentado anteriormente, cualquier cámara es buena para hacer una fotografía, dando igual si es un espectador que esté viendo el discurrir del cortejo o un fotógrafo que va con su equipo. Pero es aquí donde encontramos la diferencia, ya que el fotógrafo realizará un reportaje totalmente diferente al que pueda obtener el “nazareno de silla”. El fotógrafo va a buscar un tipo diferente de instantánea, estudia las luces, busca el detalle…En otras palabras, dentro de su profesionalidad, busca transmitir lo que acontece ante él y su lente. 

“Todo está inventado”. En efecto, prácticamente todo está inventado, ya que la fotografía cofrade se desarrolla especialmente en la época de la Semana Santa, lo que la convierte en un acontecimiento masificado por su caracter anual. Esto se traduce en que queda inmortalizado prácticamente la totalidad de momentos del cortejo, por ser cientos y cientos los profesionales y aficionados que salen a las calles a retratar las procesiones, sus pasos, sus nazarenos… Buscando ese toque diferente al del resto de personas, transmitir en cierto modo su visión de los cortejos. Esta visión particular en ocasiones suele ser incluso una distorsión de la realidad, ya que en el procesamiento de las fotografías se han dado casos de hasta modificar las policromías de las tallas. Gracias a Dios, estos son los casos menos frecuentes, aunque existentes y muy presentes actualmente. 

Sirva este breve escrito para concienciar especialmente a esos aficionados de la fotografía como yo de que se empeñen en mejorar día a día un poquito más y, aunque sea difícil, buscar esa “otra” procesión que recorre nuestras calles durante la semana más bonita del año. Y para los profesionales vaya el mayor de mis reconocimientos por haberme transmitido las procesiones de mi infancia a través de las fotografías que he contemplado a lo largo de mi vida en boletines, periódicos y estampas. 



martes, 6 de marzo de 2018

CUARESMA 2018: MÚSICA Y SEMANA SANTA 02X3

Avanzamos otros 60 años en el tiempo. Desde 1925 que se publicara "Mektub" ha sido mucho lo que ha ocurrido en la música procesional. El género, gracias en gran medida a esta marcha se ha ido estandarizando y sentando hasta conseguir que calara en la memoria sensorial de los cofrades de toda España. Aunque poco a poco todas las regiones comienzan a tener su repertorio propio, adaptandose a sus particulares tradiciones cofrades, en toda la geografía nacional resuenan esas marchas conocidas como "clásicas", hasta el punto de que ya no son de un sólo lugar, sino de todos los cofrades. A esa gran marcha de la que hablábamos la pasada semana le sigue la dedicada en 1935 por Emilio Cebrián al Abuelo de todos los jiennenses y que hoy en día es la más perfecta banda sonora de la mañana de Viernes Santo, sonando en cualquier lugar que se recuerde el camino al calvario de Nuestro Señor: Nuestro Padre Jesús. No obstante ser una marcha "sobre motivos andaluces", como el propio autor indica, e introducir un fragmento del "himno a Jaen" (obra del propio Cebrián) como contracanto en el trío, Nuestro Padre Jesús ya no es sólo del Nazareno "El Abuelo" de Jaén, sino de todos los Nazarenos de España. Décadas más tarde, llegará la siguiente marcha por excelencia. El Dolor de una Madre hecho música, el lamento fúnebre de nuestra Madre, María. Obra de un oboista militar de origen gallego, pero que creció musicalmente en Madrid, bajo la tutela de los grandes Joaquin Turina y Manuel de Falla y con la estela marcada de Mariano San Miguel. "Mater Mea" y su autor Ricardo Dorado.

Mientras tanto, Sevilla (y Andalucia entera en pos de ella) se distanciará cada vez más musicalmente del resto del País. Siguiendo la línea marcada por la familia Font, al tiempo que nacía Mektub, también nacían "Pasan los Campanilleros", "La Esperanza de Triana" y "Estrella Sublime" de la pluma del maestro López Farfán. Estas obras llegarían a prohibirse por el Arzobispado hispalense durante años por ser demasiado alegres para Semana Santa. En ellas se combina al mismo tiempo la marcha romántica, más triunfal que fúnebre, con numerosos temas populares y recursos del folklore andaluz, se sembraba así la semilla de la "Marcha de Palio", que llegará a su cúlmen en torno a los años 50/60 con Pedro Braña, autor de la marcha-himno para la "Coronación de la Macarena".

Así llegamos a los 80 y a la marcha que lo cambió todo en este mundo. Una marcha de corte clásico, pero con sonoridades andaluzas, con una estructura extensa, como "Amarguras" o "Mektub", con reminiscencias de las marchas de palio y que, en realidad, no es una marcha de procesión, sino un poema sinfónico. Es la que se ha llegado a convertir en el "himno" de la Semana Santa de España y en punto de referencia para músicos y compositores cofrades de las últimas décadas: "La Madrugá" de Abel Moreno. Era necesario hablar de todo lo anterior pues el própio Abel Moreno en alguna ocasión a declarado que se ha inspirado en estos compositores anteriores para sus obras; en especial en Cebrián y Dorado, por la forma exquisita de componer del primero y la maestría instrumentando del segundo. 

Al contrario que Mektub y otras, cuya historia está implícita a la música y da lugar a numerosas interpretaciones, La Madrugá está totalmente explicada por el Autor, haciendo así su particular descripción de esta jornada de la Semana Grande sevillana. Nace de la nada la marcha, apenas un bajo y una melodía que es tan sólo el arpegio de re menor, tonalidad en la que está toda la exposición y desarrollo de la obra. Comienza casi en Silencio, representando a la primera cofradía tanto de la Madrugá como de Sevilla, la de Jesús Nazareno, la del Silencio. Tras esta plegaria (dato curioso: la melodía está extraida de un "Padre Nuestro" que años antes había escrito el propio compositor para un funeral) que sirve de introducción, comienza el saxo con una melodía similar a una saeta, melodía que después repetirá toda la banda, de la misma forma que Sevilla bulle al paso del Gran Poder. La siguiente sección, la que representa a la hermandad del Calvario, haría las veces de desarrollo, con un tema más amplio y cambiante que los dos anteriores. Con ella termina toda la primera parte de la marcha. Hasta este momento, toda la música viene dada en modo menor, más triste y oscuro, representando a las tres hermandades que hacen su estación de penitencia en silencio. Sin embargo, termina con el acorde de Re Mayor, dandole de esta forma luz a la obra. Es el momento de las dos Reinas de la noche, las dos vírgenes que desde fuera parece que dividen a Sevilla y, en realidad, unen la Hispalis añeja con el barrio de Triana por el mismo nombre: Esperanza. Tenemos dos temas complementarios: los clarinetes interpretan el de la Macarena y los saxos el de Triana, fundiendo en uno ambas devociones. Y, ahora que la Esperanza de Triana ha pasado por Campana, en torno a las 7 de la mañana del Viernes Santo, vuelve a aparecer el Silencio en escena, pues pasa muy cerca de esta plaza para regresar a su Sede. Así, el trío se ve maravillosamente interrumpido por la introducción. Una vez entra el Silencio, toda la banda rompe a tocar. Suenan de nuevo los temas de las Esperanzas, ya de regreso hacia sus templos y, sobre ellos, las trompetas añaden un nuevo contracanto que simboliza al Cristo de los Gitanos.

No es la primera vez que un compositor dedica una obra o marcha a esta jornada, apenas hay novedades musicales y, aunque aparentemente si lo haya, tampoco varía tanto la estructura tradicional. Pero ha supuesto una revolución en este mundillo pues todo su planteamiento, los constantes cambios de sonoridad con una finalidad narrativa y los muchos detalles que incluye (campanas, timbales, duos...) han abierto la puerta a los nuevos compositores a experimentar de nuevo y crear marchas sin restricción alguna. Asi que, cuando escuchéis "La Madrugá" de nuevo, hacedlo a sabiendas de que estais escuchando el principio de una nueva era.





viernes, 2 de marzo de 2018

CUARESMA 2018: DESDE EL MOVIL...

Cambiando un poco la tónica habitual de los artículos de este blog, comenzamos este mes de marzo con versos, versos de caracter cofrade, aunque no de la forma habitual, pero con mucho significado, versos que cuentan una historia muy actual, pero a la vez muy vieja, con una enseñanza esperanzadora: Cristo nos espera incluso en los lugares menos esperados.

DESDE EL MOVIL... TU MIRADA


Hace tiempo que no veo vídeos de procesiones en youtube
las viejas cintas de vídeo atesoran un manto de polvo olvidado
Esas cosas ya me cansan.

Hace tiempo que no escucho marchas en el movil
los CD's y los cassettes ya no giran con su sonido
Esas cosas ya me cansan.

Hace tiempo también que la túnica perdió su sentido
y el incienso su aroma de Pasión, 
mi corazón ya no late con los tambores,
ni se eriza mi piel con las campanas de los pasos
ni siquiera lloro ya con los violines un Jueves Santo
Todo hace tiempo dejó de importar...

Hace tiempo ya que olvidé
lo que era en verdad la oración.

Muy atareado estaba, ocupado en mis menesteres,
en engrandecerme a mi msmo, en darme placeres.
En lugar del Padre Nuestro,
primaba el vídeo de Facebook.
Cuando rezaba el Ave María,
solo pensaba en instagram
y en esa publicación
¿Cuántos me gusta tenía?
Incluso me enfado si la foto
de un Paso que subí
nadie le hace caso.
Pues ya no importa la Semana Santa,
ya no importa nada,
solo los golpes en el pecho,
el yo y la fama...

Todo ha cambiado en estos tiempos,
todo ha cambiado.
Ya no soy el que era,
yo mismo me he hundido
yo mismo a mi mismo.
Mas
en ese hondo abismo
una luz en mi sufrimiento.
El movil, que fue ancla de mi cadena,
me salvó de mi propia condena.

Desde el fondo de la pantalla
me miraba
me miraba diciendo "calla".

Calla


calla...

Desde un rostro de madera,
un leño hecho bendición,
el Padre encarnado en pino,
el Padre de mi alma y adopción
me miraba.
Y, en esos dos espejos, profundos como el tiempo,
renació mi ansia de poemas.
Avivó mi mente el seso,
Despertó el alma dormida,
y el incienso
volvió a ser la oración
y la túnica, penitencia
y pasión.

Todo por esos ojos que yo puse allí
esos ojos que me miraban,
sin juzgar, juzgando,
sin ser ley, condenando,
sin golpes de pecho, levantando.
¿Los puse yo allí, y fueron ellos los que me guiaron?
No lo sé
Sólo sé que esos ojos serenos
siempre estuvieron allí para recordarme 
que siempre fuí
Hijo del Nazareno.