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lunes, 3 de agosto de 2015

MIRARÁN AL QUE TRASPASARON: LOS CRUCIFICADOS DE CIEZA

Por fín terminamos hoy con esta serie que comenzáramos allá por el mes de mayo. Durante este tiempo nos han acompañado los diferentes Cristos crucificados que desfilan por nuestras calles entre el Viernes de Dolores y el Viernes Santo. Consuelo, Sangre, Agonía, Perdón, Sed, Expiración y ahora Misericordia.
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MIRARÁN AL QUE TRASPASARON: LOS CRUCIFICADOS DE CIEZA

VII. "Mirarán al que traspasaron


"Después de beber el vinagre, dijo Jesús: "Todo se ha cumplido". E inclinando la cabeza, entregó su espíritu. Los soldados fueron y quebraron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús. Cuando llegaron a él, al ver que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua. Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: No le quebrarán hueso alguno. Y otro pasaje de la Escritura, dice: Mirarán al que traspasaron."

Así nos narra San Juan en su Evangelio el tan conocido momento de la Lanzada. Todo se ha cumplido. Cristo ha padecido mil afrentas y escarnios, ha sido coronado de espinas, una caña ha sido su cetro, ha sido azotado y ha cargado con su cruz hasta el Gólgota. Clavado en el madero, ha perdonado a sus verdugos, nos ha entregado a María por Madre, ha bebido vinagre y clamado al cielo desesperado antes de expirar. Ahora, con su pecho atravesado, en su faz no queda rastro de dolor, de sufrimiento, de agonía ni de maltrato. Tan solo queda paz. Sus ojos cerrados nos miran piadosos y nos entregan su Amor y el Perdón fruto de su infinita y divina Misericordia.

Todo es silencio en su retablo, en su recogida capilla de la Iglesia, la más joven de cuantas componen el templo. A pesar de la forzada posición del inerte cuerpo, el rostro se ve tranquilo, libre de sangre, sudores, sufrimientos y espinas. Enmarcadas por el alborotado cabello, sus facciones quedan semiocultas, de manera que nuestros ojos se detengan primero en la sangrante herida del Costado, de la cual manan Sangre y Agua, la divina mezcla del Cáliz de la Eucaristía. Para observar esos ojos cerrados en el sueño redentor hemos de colocarnos junto a sus pies. Embriagados por la quietud, nos encontramos llorando bajo su mirar, apoyando una mano cargada de besos en las llagas de los pies.

Viernes de Dolores, la oscuridad de la Calle de la Hoz engulle a la silenciosa comitiva, una oración en los labios al Cristo de la Misericordia. Tendido va sobre su madero, apoyado en los hombros de todo aquel que quiere acercarse para soportar su dulce peso. "Venid a mí los que estáis cansados que yo os aliviaré, pues mi yugo es suave y mi carga ligera". Resuenan en esta noche, preludio de la Pasión las palabras de Cristo. "El que quiera ser discípulo mío, que carge con su Cruz y me siga." Tantas veces nos insiste el Señor en que cojamos nuestra cruz que el mismo nos da ejemplo cargando con la de todos. En esos días de primavera, nosotros cogemos la suya para recordarnos que somos  todos hermanos, que el peso es llevadero si lo llevamos entre todos. ¿Cuántas veces nos negamos a socorrer al necesitado?¿Cuántas nos negamos a aceptar las dificultades de la vida? Es entonces cuando se nos aparece Jesús con la Cruz a cuestas de nuevo, para enseñarnos a diferenciar entre lo correcto y lo facil. Esto es lo que nos enseña el Cristo de la Misericordia esa noche de Viernes de Dolores.

De nuevo es Viernes Santo. De nuevo son dos los que dialogan sobre el trono. Sin embargo, esta vez Jesús no puede mirar a su sayón, pues ya ha muerto, tampoco lo necesita, pues Longino ya ha sido perdonado antes incluso de agarrar la lanza. Sin embargo, el centurión no puede evitar sentirse culpable, avergonzado. "Verdaderamente este era Hijo de Dios". Ha atravesado la piel y la carne del divino Costado, y su expresión, lejos de la burla o de la indiferencia de quien cumple órdenes, refleja angustia y culpabilidad.

No culpemos a Pilatos, ni a los Sacerdotes, ni a Longino, ni a Judas. Ellos, aunque no fueran conscientes formaban parte del plan redentor. No los culpemos, ni los coloquemos en las fauces del Maligno como Dante, pues sin ellos Cristo no hubiera muerto, ni nos habría salvado. Seamos misericordiosos como Jesús, el Cristo de la Misericordia, lo fue.




sábado, 1 de agosto de 2015

MIRARÁN AL QUE TRASPASARON: LOS CRUCIFICADOS DE CIEZA

Comenzamos el mes de agosto y con el encaramos la recta final de esta serie. Volvemos en esta calurosa mañana la vista atrás hacia Viernes Santo

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MIRARÁN AL QUE TRASPASARON: LOS CRUCIFICADOS DE CIEZA

VI. "Todo está cumplido

Viernes Santo. De nuevo Viernes Santo. Desde primera hora de la mañana hemos visto a Jesús ser condenado, cargar con su cruz, ser maltratado, burlado y crucificado y, aun así, tiene la fuerza de volver la vista hacia su madre para darle palabras de ánimo.Ahora que el mediodía se acerca, un tambor sordo acalla todo sonido, todo murmullo de los que hasta hace unos segundos llenaban la calle Cánovas del Castillo. El incienso asciende hacia un cielo abierto y despejado, como una bella  y olorosa oración. Sobre un lecho de claveles aparece entre las sombras de la cochera el más joven paso de nuestra Semana Santa (hasta la fecha). Impactante como siempre, desde aquella tarde de su presentación en Santa Clara, templo donde habría de permanecer expuesto al culto, el Stmo.Cristo de la Expiración atrae todas las miradas. Hay ciertos momentos en que la creación de un hombre supera incluso el entendimiento y la existencia de su creador, y esta magnífica talla de nuestro ciezano escultor Antonio Jesús Yuste, que merecidamente le valió el premio de "La Hornacina", es un claro ejemplo de estos casos.

"Jesús, dando un fuerte grito, entregó el Espíritu".(Mt 27, 50)

"Jesús, lanzando un fuerte grito, expiró" (Mc 15, 37)

"Jesús, dando un fuerte grito, dijo: «Padre, en tus manos pongo mi espíritu» y, dicho esto, expiró" (Lc 23, 46)

"Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: «Todo está cumplido.» E inclinando la cabeza entregó el espíritu." (Jn 19, 30)

Así nos cuentan los Evangelistas la muerte de Nuestro Señor. Yuste Navarro en este Cristo resume estas cuatro frases. La fuerza de los Sinópticos se hace presente en la crudeza y el realismo de los rasgos, en ese movimiento que se intuye, con los pulmones vacíos de haber exhalado el último aliento, con la cabeza congelada en una eterna y brusca caida, con la forzada postura de los retorcidos e inertes brazos. Sin embargo, en su triste mirada, en sus ojos a medio apagar se reflejan una vida que se escapa y la docilidad y mansedumbre con que el Amor se entrega a si mismo. La satisfacción de haber cumplido con todo lo que vino a realizar en este mundo se refleja en sus pupilas vidriosas con la misma dulzura con la que San Juan nos cuenta la entrega final. En sus entreabiertos labios aún se adivinan las palabras con las que daba fin a su misión: "Todo está cumplido".

Las largas filas de nazarenos llegan hasta la esquina siguiendo al Cristo que bebió para que se cumpliera la Escritura antes de morir. Todo es Silencio. Ante nuestros ojos, envuelto en la mística bruma del incensario, sutilmente balanceado al son de un tambor sordo por sus expertos anderos, el Cristo de la Expiración abandona esta vida para abrirnos las puertas de la Vida. Aunque no pueda verlo desfilar por las amplias calles que siguen a la Esquina del Convento esa dolorosa Mañana, verlo entre luces y sombras de la calle Cánovas del Castillo es emocionante, la callada quietud que se genera en este bullicioso punto en que comienza el desfile ante su maltratada imagen llega hasta e más recóndito rincón del alma.

Fue este uno de los más impactantes pasos de cuantos desfilaron en la Procesión Magna del Centenario de la Junta de Hermandades Pasionarias la noche del 4 de Octubre de 2014, en parte por la espectacular iluminación que lo alumbró durante el recorrido, iluminación que tan solo ha llevado en esa ocasión. Y es gracias a esta procesión que pude pasar unos minutos a tan solo un palmo de su piel policromada. La tarde posterior a ese gran evento,me encontré con los hermanos de San Pedro bajando del trono a su Cristo y llevándolo a su bajo. Allí me recreé, aprendiéndome cada rasgo, cada herida, cada gota de su Preciosísima Sangre, desde la más aguda espina de su corona hasta el último contorno de sus pies.

Estos escritos no tienen sino la misión de invitaros a cada uno a buscar un momento de sosiego para hacer como yo y acercaros a la Iglesia tan solo para observar cualquiera de estas maravillosas imágenes desde todos los ángulos que permitan la capilla, desde la Asunción, con su Agonía, Sed, Sangre y Misericordia, hasta la ermita del Consuelo, pasando por el Convento del Perdón y Santa Clara, donde en la penumbra de una esquina aguarda una oración el Cristo de la Expiracion.


miércoles, 29 de julio de 2015

MIRARÁN AL QUE TRASPASARON: LOS CRUCIFICADOS DE CIEZA

Volvemos un día más con la quinta entrega de la serie que venimos realizando desde mayo.

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MIRARÁN AL QUE TRASPASARON: LOS CRUCIFICADOS DE CIEZA

V. "Tengo Sed"

Cuando el mediodía del Viernes Santo ciezano se acerca, el luminoso claroscuro de la calle Cánovas del Castillo acoge unas interminables filas de túnicas negras, negras como la noche del Jueves Santo en la que acompañaron a su Cristo titular. Ahora hacen penitencia con la última incorporación de su cofradía, uno de los primeros pasos de la época dorada que vivimos en los últimos años, un imponente Cristo que abre la serie de crucificados de esta dolorosa mañana. Quizás sea porque la novedad ha desplazado el centro de atención hacia otros pasos más recientes pero Jesús en el Calvario pasa un poco desapercibido cuando en su momento fue una de las grandes incorporaciones a la Semana Santa. Hernández Navarro y la Cofradía del Stmo. Cristo de la Agonía nos presentan un grupo escultórico con dos únicos personajes: el Cristo de la Sed y un sayón que le ofrece hiel y vinagre. En un primer vistazo, cualquiera diría que simplemente es eso, un Señor sediento y un hombre que le da de beber amargura para burlarse; sin embargo, hay mucho más que eso entre esas dos imágenes. Los ojos de Jesús se dirigen en línea recta hasta los de su verdugo y, aunque sus labios se entreabren en el humano intento de saciar la sed de un cuerpo cansado y torturado, sus ojos, ventanales abiertos del alma, rebelan una fuerza penetrante. No es ira ni resentimiento lo que de ellos mana sino misericordia, ternura y redención y, al mismo tiempo,un dulce reproche tiznado de un punto de decepción. La mirada del sayón, que en un principio se nos antojaba burlona y cruel, se cambia por una de vergüenza, arrepentimiento y remordimiento.
El Misterio redentor se hace plenamente patente en esta muda conversación. Dios encarnado nos mira desde lo alto de su Cruz y nos enseña a perdonarnos con su ejemplo por delante, sin sermones vacíos ni palabras huecas. Con su mansedumbre de espíritu, incluso en su agonía nos mira con cariño, con esos ojos enamorados que solo el amor llevado hasta el extremo puede conseguir. Nosotros, sus hijos, representados en el sayón, recibimos ese cariñoso reproche que nos hace vernos pecadores, alzando la mano y la voz en contra de nuestro hermano, en contra de nuestro Señor, Esa mirada solo puede durar unos segundos pues, arrepentidos y avergonzados lo único que podemos hacer es bajar la cabeza y llorar pidiendo un perdón que no merecemos y que ya hemos recibido de esos mismos ojos que nos han mostrado nuestra culpa.
Es probable que estas reflexiones no hubieran nacido en mi pensamiento si la Casa de los Santos no estuviera en obras, obligando a desalojarla y si, por un casual del destino la cofradía no hubiera decidido colocarlo a pie de suelo en la capilla junto a su titular y a su madre de la Piedad. Mi primer pensamiento al verlo allí junto al impresionante Cristo de la Agonía fue el fresco vaticano de "La Escuela de Atenas" con Platón apuntando hacia el cielo y el Mundo de las Ideas y su discípulo Aristóteles mirando hacia el mundo real. De la misma manera, ambos Cristos reflejan la doble naturaleza de Cristo: divino Hijo de Dios bajado del Cielo y que nos enseña el camino al paraiso, abriendo el sendero con su sacrificio. Y, a un mismo tiempo, Hombre, hermano nuestro que nos enseña a perdonar y a amar hasta el extremo con su ejemplo, muriendo por nosotros. Ambas imagenes reflejan no solo el eje principal de la mayor historia jamás contada, sino la mayor historia de Amor jamás contada, una historia de amor que transciende culturas, tiempo y espacio, una historia eterna. Alguien podrá decir que tan solo es una historia, un cuento tan real como los sueños. A esto yo respondo que, en el fondo, no importa si ocurrió realmente hace 2000 años o no, lo realmente importante es que nos sirva de ejemplo para poner el amor al prójimo por delante de todo, incluso de nosotros mismos. Si esta historia no influye en nosotros y la dejamos pasar como quien lee el periodico de nada sirve que ocurriera, pero si nos ayuda a ser mejores, valdrá mucho más que cualquier hecho real. Yo, aun así, seguiré creyendo que Dios mismo se encarno y murió por nosotros para salvarnos.

"Señor, dame sed,
sed de perdón,
sed de amor,
sed de vida,
y dame el agua que 
sacie mi sed."


miércoles, 15 de julio de 2015

MIRARÁN AL QUE TRASPASARON: LOS CRUCIFICADOS DE CIEZA

Tras un mes de descanso en el blog, volvemos con la cuarta entrega de los Señores de la Cruz Ciezana.
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MIRARÁN AL QUE TRASPASARON: LOS CRUCIFICADOS DE CIEZA

IV. "Perdón, oh Dios mío"

Es Viernes Santo, atrás han quedado las palmas, las rosas, la sangre, las plumas, la alegría y el incienso. Es Viernes Santo, cae la noche. El aterciopelado cielo se cubre con un manto de luto azul profundo, como las túnicas que aguardan en la Iglesia, esperando, anhelando que el portón se abra y de comienzo la más solemne, la más majestuosa, la más lenta y la más nocturna de las procesiones de Cieza. El silencio se crea tanto en el interior como en el exterior cuando el portón se abre para mostrar un estandarte de blanco contraste y un redoble de muerte y Pasión. La OJE comienza a interpretar "la Madrugá" del maestro Moreno. Silencio en la plaza cuando la Cruz sale a la puerta y un policía nacional se acerca a sus pies para depositar una vara de orquídea, igual que la que iluminaba el rojo manto de la Sangre, junto a su difunto Padre, en memoria de todos los que vistieron el marino uniforme y dieron su vida por él y por Él. Silencio en la calle del Cid, el mismo silencio que surge cuando las campanas del Convento cortan el aire para recibir a su Señor una noche de Miercoles Santo; el mismo silencio que contiene la Esquina del Convento cuando sale el tumbado Cristo por su puerta en esa noche que cada fibra de nuestro cuerpo sabe que la hora se acerca, que el Domingo de Ramos está a unos minutos de nacer; el mismo silencio que un momento antes había surgido cuando trasladaron hasta su reclinado trono los anderos a su Padre, túnica y leño solamente separando piel y piel. Porque, si los ciezanos veneran y claman al Cristo del Consuelo buscando a un Padre y en el de la Agonía encuentran un magnetismo ineludible buscando en Jesús a nuestro Hermano, el Santísimo Cristo del Perdón despierta cariño y amor, como el de un niño hacia su abuelo. 

Custodio del Sagrario de San Joaquín, en esa serena capilla recibe cada día tantas oraciones como escucha el Verdadero Dios y Verdadera Eucaristia venerado en la Custodia, pues quien se acerca a rezar ante el Pan de Vida en este templo, no puede evitar dirigir al menos una mirada a ese crucifijo. Primero en procesionar por las calles (o por lo menos así era hasta la instauración del traslado del Cristo de la Misericordia) y último Cristo clavado a la Cruz en recojerse, el Cristo del Perdón es el de facciones más duras y avejentadas; en su piel, apenas policromada, se aprecian las mellas de la gubia. Distintos barnices le dan ese color moreno propio de la madera, como si Jesús en esa imagen quisiera fundirse con el Leño, quedarse en el para siempre. Por amarnos tanto, quiere Él estar así escarnecido, muerto y humillado pero satisfecho si con ello consigue arrancarnos lágrimas de redención. Sólo tres puntos tienen color: el paño de pureza, la herida del Costado, sangre que mana de su piadoso corazón, y los entreabiertos ojos, vacíos de vida por habérnosla entregado toda a nosotros.

Yo mismo he estado junto a su figura muchas veces. Un Miércoles Santo, viéndolo perderse por la calle del Cid mientras espero para tocar tras el Señor de Cieza. Un Viernes Santo observando cómo los brazos de la Cruz casi rozan las puertas de la Asunción, un Sábado de Pasión besándole los pies en el altar del Convento, un día de mona, suspirando agarrado a sus dedos inertes antes de que lo suban a su capilla, y un día cualquiera, arrodillado en ese mismo lugar perdiéndome en lágrimas mientras mi boca pronuncia silenciosas oraciones para después tocar con el órgano su marcha, la más hermosa a mi parecer de las que compusiera Gómez Villa y la que más se adecua a quien está dedicada.

Quiero terminar con los versos de una oración personal a este Señor:

"Si por una vez haber mirado
ganara la salvación,
mil veces me habría salvado
mirando al Cristo de Perdón."


lunes, 1 de junio de 2015

MIRARÁN AL QUE TRASPASARON: LOS CRUCIFICADOS DE CIEZA

Dejamos atrás mayo para introducirnos en junio con una nueva historia de devoción y arte.

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MIRARÁN AL QUE TRASPASARON: LOS CRUCIFICADOS DE CIEZA

III. "Eloi, eloi, lama sabactani"

"¡Dios mío, Dios mío! ¡¿Por qué me has abandonado?!" Este mudo grito nos llama a recorrer de nuevo las naves del templo y cruzar a través de las interminables filas de bancos hasta la amplia y diáfana capilla que a nadie deja indiferente. Tantas obras de arte allí se agolpan, algunas de las más grandes imágenes de nuestra Semana Santa. Pasan revista nuestros ojos por la expresión embelesada y abstraída de San Juan quien parece que nos sonríe si lo miramos fijamente, el Regio Ecce Homo aparece, de su mirada penetrante hablaremos en otra ocasión. La Virgen de Lourdes en la cueva donde reza Santa Bernardeta da paso al sufrimiento del maltratado Cristo de la Columna, eternamente flagelado por los "Judíos de Mateos". De la Piedad nada diremos pues, como al Ecce Homo, mil palabras no bastarían. Y, por fin, la tercera de las imágenes de González Moreno se presenta al callado observador. No diremos la mejor, pero su fama es innegable. Cuentan que el escultor mismo afirmó que otro crucificado así no obtendría y cuentan también que sus últimos años de vida los pasó en su contemplación. Cuanto hay de verdad en esas historias que se cuentan a media voz como si de leyendas se trataran yo no lo se, lo cierto es que "su Cristo" como el lo llamaba cariñosamente está considerado como uno de los más grandes del siglo. Cada músculo, tendón y ligamento se delinean perfectamente en la serena piel del crucificado. Los pulmones hinchados, los dedos espasmódicamente estirados y el rostro desolado son los únicos puntos de dramatismo que se imprimen en la serena efigie. Incluso la realidad parece un sueño cuando contemplas con detenimiento la imagen. Cada matiz, cada detalle que la noche del Jueves Santo diluye en su penumbra son fácilmente observables en la claridad de la capilla, tan solo la mirada vuelta al cielo escapa un poco de la comprensión del postrado observador. Lejos de la paternalidad del Santo Cristo o del amor que refleja el de la Sangre, el Cristo de la Agonía es un Señor filosófico que invita a la meditación sobre la Pasión, la entrega y el sufrimiento, sobre cómo es posible que un hombre soportara tantos dolores, tantos tormentos y todo por amor.
Entre mis momentos predilectos de la Semana Santa, la íntegra Procesión del Silencio, con su romanticismo y quietud, ocupa un puesto de honor. Desde la emocionante salida, con las luces apagadas y las campanas dando la medianoche hasta la melancólica entrada a la plaza con sus devotos cofrades arrodillados mientras la única luz que se ve es la de Dios hecho hombre en la Cruz que pasa en medio de los cirios de oración mientras suena el aria de Bach. El emocionante paso por las Claras, cuando el trono gira hacia el convento y se escucha el desgarrado canto de una saeta consigue atraer las lágrimas hasta mis párpados. Cada saeta, cada oración, cada poema, cada canto, cada silencio, cada redoble y cada violín es un rezo esta noche, la Noche de las Noches, la noche en que Jesús agoniza en Getsemaní y en la cruz. Cristo es, en ese momento más que nunca, la Luz del Mundo.
Es incomprensible para la mente humana todo lo que representa una imagen realizada por un hombre, todo lo que simboliza la noche del Amor Fraterno y su procesión del Silencio. Mil palabras no bastarían y con una sola sobra: Silencio.



sábado, 23 de mayo de 2015

MIRARÁN AL QUE TRASPASARON: LOS CRUCIFICADOS DE CIEZA

Después de unas semanas, volvemos hoy con la segunda entrega de la serie "Mirarán al que traspasaron". Hoy nos trasladamos a la noche del Lunes Santo.
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MIRARÁN AL QUE TRASPASARON: LOS CRUCIFICADOS DE CIEZA

II. "Al Señor de Sevilla"

El sol primaveral nos invita a guardar reposo, a buscar la serenidad y la quietud que se respiran al penetrar los muros de la Iglesia. El atrio de San Pedro nos recibe con apacibles sombras tras sus centenarias rejas. El chirrido de las añejas puertas de madera nos da la bienvenida al interior del recinto.Nuestros pasos nos dirigen de capilla en capilla flotando sobre los mármoles hasta llegar a la penumbra de la sala donde se guarda el Cristo Yacente. Flanquean el paso la Virgen del Carmen y la del Perpetuo Socorro, preside el magnifico yacente de Planes, con sus dos madres, la Antigua y la Nueva, una a la cabeza y otra a sus pies. Los ojos, acostumbrados ya a la umbría atmósfera, se detienen en un Cristo sin altar ni retablo propio, una simple tela negra cubre el anclaje del madero redondeado. La vista escala por el leño oscuro como el ébano y se cruza con unos pies blancos como la luz, clavados amablemente al tronco. Las piernas magníficamente delineadas dan paso a un paño que apenas cubre la intimidad del crucificado. El cuerpo congelado invita a pasar sobre el y llegar al centro de la imagen, su rostro. Los cristalinos ojos magnetizan a todo aquel que osa poner las pupilas sobre ellos. es sobrecogedor el momento en que ambas retinas se encuentran en un único rayo de visión. El silencio y la atmósfera ayudan a entrar en ese clima de oración en que el tiempo se detiene y nada existe salvo unos ojos que miran sin ver y otros que ven sin necesidad de mirar. De repente, saliendo de ese ensimismamiento, te percatas de que los labios del Cristo están entreabiertos en un gesto que tan solo se puede interpretar como de amor. Dos palabras pronuncia la silenciosa boca: la primera es "Entrega", pues es Cristo quien se ofrece en sacrificio por nosotros. La segunda es "Ven". Humilde peregrino, cuando te quieres dar cuenta de lo que ha ocurrido, ya no estás parado en el centro del cuadrado recinto, sino que te has trasladado hasta los pies de la cruz y tu mano extendida roza con la yema de los dedos la nacarada piel del Cristo. En ese momento, te sientes como un nuevo Marcelino, ofreciéndole pan y vino, y finalmente su vida, al olvidado crucifijo del desván del convento.
Un sevillano, alumbrado en el taller de Álvarez Duarte, empadronado en Cieza para completar la noche del Lunes Santo, llenándola de penitencia y pasión. El Santísimo Cristo de la Sangre, de rasgos marcadamente andaluces, al igual que el casi imperceptible angelillo que sostiene el Cáliz de la Alianza sobre un mar de carmesí y grana. Mil rosas rojas como mil oraciones dolorosas recibe esa noche el penitente crucificado, bordeadas de morados lirios de pasión y coronadas por una alba vara de orquídea, que allí colocara Ana María Ruiz, en símbolo de la eterna victoria de la Vida sobre la Muerte. Apenas ha comenzado la Semana Santa y los tambores ya acompañan a la cruz guía rezando el Vía Crucis. Pasará a la historia el monumental recorrido del año 2014 en que el Cristo visitó cada estación de su Pasión.
El único trono del que no penden galas, sino que se adorna con el sudor, el cansancio y la devoción del terciopelo trasnochado de las túnicas, rematadas por gorros de sangrante borla.
Termina la noche en el interior del Templo, en la penumbra y quietud de la capilla abovedada con quien resuenan las últimas notas de Crucifixus, perdiéndose en la noche y el recuerdo.


martes, 5 de mayo de 2015

MIRARÁN AL QUE TRASPASARON: LOS CRUCIFICADOS DE CIEZA

Buenos y calurosos días. En esta mañana del mes de mayo comenzamos una serie de reportajes sobre las imágenes de Cristo Crucificado que tenemos en nuestra localidad. El título asignado a esta serie es una referencia a la exposición de la misma temática que organizara en su día Ana María Ruiz. 
¿Por qué emprender este proyecto? Muy sencillo, cuando hablamos de los pasos de nuestra Semana Santa, lo primero que vemos es su calidad media, una media muy alta, y si nos metemos en la categoría de Crucificados, esa media se dispara. La idea inicial era un único reportaje, pero al plantearlo detenidamente, me di cuenta de que hay tanto que decir de cada Cristo que, o bien se haría extensísimo, o bien se quedaría corto, se escaparían mil detalles.
Espero que disfruteis con cada uno de ellos. Sangre, Perdón, Sed, Misericordia, Agonía, Expiración y Consuelo.

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MIRARÁN AL QUE TRASPASARON: LOS CRUCIFICADOS DE CIEZA

I. "Redentor, Consuelo y protector nuestro..."

Cada cofrade y cada ciezano mantiene una relación especial con algún paso. A unos les viene de familia, otros lo encontraron por casualidad, otros simplemente están enamorados de un trono. Algunos se emocionan con solo ver la palma de San Juan balancearse al viento la tarde de Miércoles Santo, otros se ponen en pie y guardan silencio en reverencia al Nazareno, aquellos lloran con la Soledad, estos con la Cama, para esotros es el Silencio. Sin embargo, todo ciezano se refugia en el mismo sitio, buscan Consuelo en la "Cumbre Airosa en que la Ermita se alza"; todos quieren y aman a su Santo Cristo del Consuelo, gloria del Pueblo Ciezano.
Cuenta la leyenda que llevaban en una carreta de bueyes o mulas la imagen de un Cristo Crucificado, destinado a un pueblo manchego. Pasando por un cerro cercano a la villa de Cieza, los animales se pararon, negándose a proseguir su andadura. En ese cabezo hoy todavía se venera la imagen de un Cristo. ¿Qué sería de Cieza si las bestias de carga no se hubieran detenido? Se nos hubiera negado al nuestro tercer protector. Desde el monte nos mira nuestra Madre del Buen Suceso, en el corazón histórico nos vela San Bartolomé, pero es a las puertas de Cieza donde se alza el faro luminoso y el misterioso imán. Del Calvario paso su advocación al Consuelo entorno a 1800; en 1936 desapareció entre las llamas tan amada imagen; y de la Buena Muerte vino en 1940, a cambio de un Sagrado Corazón, desde Caravaca, para sustituir a nuestra mayor devoción.
Es esta una imagen sin igual en nuestro pueblo. Si nos fijamos bien es el Cristo más pequeño en tamaño de cuantos desfilan, su cintura y sus piernas se abrigan en mil toneletes de rojo, morado, negro, blanco y oro. Sus manos y sus pies se clavan en una dorada cruz, adornada por un sudario y por 14 potencias de oro que parten de su testa. Tras ángeles rezan a sus pies, aunque deberían ser miles, como miles son las almas que se postran a sus plantas. Sin embargo, no es ni en los ángeles, ni en el tonelete, ni en las potencias, ni en el sudario, ni en la cruz, ni en sus cinco llagas donde confluyen las miradas cuando la bendita efigie se muestra ante nosotros, es en su rostro compasivo y misericordioso, un rostro pacífico que es capaz de tranquilizar y consolar a todo aquel que afligido sube a su ermita suplicando su mayor gracia, el Consuelo. Yo mismo, en varias ocasiones, he tenido la oportunidad de contemplar a escasos centímetros ese rostro maltratado, me he recreado en el camarín de la Iglesia y de su ermita aprendiendome sus rasgos, memorizando cada arruga, arañazo y gota de sangre que muestra su rostro. Aunque sea un Cristo ya muerto y atravesado por la lanza, sus parpados entreabiertos muestran unos brillantes ojos llenos de vida, los ojos de un padre amoroso presto a pronunciar palabras de ánimo, preparado para desclavarse en cualquier momento para cerrar sus brazos en un cálido abrazo.
Todo ciezano quiere y ama a su Santo Cristo, a veces, más que a si mismo. Tanto es que, el Día de la Cruz, a diferencia de en muchos sitios, no solo hay una o dos petaladas, sino que todo el recorrido es una única lluvia de pétalos de rosa derramados como lágrimas en medio de una oración. tal es ese amor del ciezano que, antes de hablar, aprende a tararear los versos que aplicara d.José Lucas Conesa a la melodía de d.Antonio León. "Cristo Bendito, Gloria de Cieza, Consuelo Dulce del Corazón, Grata Esperanza del que te invoca, Prenda Segura de Salvación".
Es curioso cómo en Cieza sacamos en procesión a nuestro Cristo, es unico ver todo el ancho camino de Madrid envuelto con un rocío de rosas mientras el Cristo baila al son de su Himno-pasodoble, entonado por todas las voces que lo acompañan, es decir, por todo su pueblo.
Consuelo, Sudario, Potencias,Tonelete, ángeles, pétalos de rosa, Cruz, Rojo, Oro, Sangre, Llagas, Novenario, Cristo Bendito, Gloria de Cieza, Faro Luminoso, Misterioso Imán, Padre, Señor, Himno, Devoción, Esperanza... Podríamos seguir durante horas escribiendo palabras que definieran tan indescriptible Señor sin poder nunca abarcar del todolo que simboliza y lo que representa ese Cristo para Cieza, es su Cristo, es el Santo Cristo del Consuelo. 
Terminamos dela misma forma que su procesión, al grito de ¡¡¡VIVA EL SANTO CRISTO DEL CONSUELO!!!