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domingo, 7 de octubre de 2018

A TUS PIES, NAZARENO

(Domingo 7 de Octubre, 18h, Basílica de Ntra. Sra. de la Asunción)

Señor, qué bien se está aquí. Cada vez que paso a verte en tu capilla lo pienso. Señor, que bien se está aquí. Hoy, sin embargo, tengo sentimientos encontrados. Miro hacia tu capilla, entre el Altar y el Sagrario, y se me escapa una sonrisita al verla vacía. Parece como si fuera Semana Santa otra vez. Miro hacia la puerta principal y, allí, donde siempre, veo tu trono y a Ti subido en Él, con tu Cruz a cuestas, como si tu también quisieras que fuera ya Viernes Santo. Te miro allí, Señor, e involuntariamente giro la cabeza hacia la capilla del Silencio, porque esta noche pareciera ser Jueves Santo, contigo esperando una nueva procesión del Penitente. Pero, al mirar hacia allí, tengo que volver a la realidad. No es Jueves, si no Domingo, y tu no esperas para salir, si no para volver a tu merecido descanso después de lo que ayer ocurría.

¿Te has dado cuenta, Padre, de lo rápido que corre el tiempo? Parece que fue ayer que te pusimos sobre ese trono, en este apartado rinconcito de la iglesia... y ya ha pasado toda una semana. Parece que fue ayer que te colocamos la Cruz... mientras colocaban el Monumento para los oficios de la tarde, igual que parece que no ha pasado tanto desde que mi padre me puso por primera vez sobre tus varas para ver salir desde tu privilegiada posición el Silencio. Cómo pasa el tiempo. Recuerdo que, hace más de un año, esperaba con impaciencia que llegara el día de ayer, y hoy quisiera volver a un año atrás con tal de que no se hubiera terminado. Tú lo sabes mejor que nadie, Padre, que a tus hijos, lo que de verdad nos gusta son las vísperas, las esperas; que preferimos estar contando atrás eternamente a que el reloj se pare y los sueños se nos disuelvan en un suspiro. Por eso disfrutamos tanto en recrearnos por las naves de tu Casa, o nos encanta tanto colarnos a cada oportunidad en nuestra Cochera, que siempre será "la cochera" para nosotros. Nos encanta esos días de llegar corriendo de la rutina y ayudar a repartir túnicas, limpiar báculos y tronos, poner velas y preparar cada detalle para la Procesión. Se que es Octubre y que chirrian estas palabras en ésta época del año, pero tras lo vivido en estas últimas semanas, en especial la última, mi cabeza está viviendo en sueños de abril y padece de nostalgias de pasión, porque el otoño se me ha transformado en Cuaresma... como ocurre cada vez que traspaso las puertas de la Casa de los Santos.

Tú y yo sabemos, Señor, que al final esto no nos hace bien, que cada cosa tiene su tiempo, que necesitamos descanso para cuando llegue el momento estar en plena forma. Pero si bien hemos aprendido y aprendemos otras muchas cosas de ti, todavía no hemos aprendido la virtud de la paciencia. Por eso hemos aprovechado que en Cieza hace 325 años te erigimos como Señor de nuestras procesiones para traerte de vuelta a nuestras calles fuera de tiempo. Y nos ha servido para darnos cuenta de que no somos los únicos. Toda Cieza se volcó en esa tarde que ya, cuando aun no pasan 24 horas, parece tan lejana. Y no sólo Cieza, gente de muchos otros lugares venían atraidos por el sonido de un tambor en una magnífica tarde otoñal para deshecerse en halagos a nuestra forma de desfilar, nuestro patrimonio, nuestro buen hacer, en definitiva, a nuestra Semana Santa. El sábado comenzaba tranquilo, pero nos sentíamos ajenos al curso normal del año. Hasta la meteorología nos quiso ayudar y nos hizo sentir en una mañana de Viernes de Dolores. Todo parecía en calma. Cieza aguardaba expectante a que cayera la tarde. Ya a primera hora se veían túnicas ondear sobre los añejos adoquines, los visitantes se maravillaban con la sede de nuestros sueños y desvelos; y, a eso de las seis, un tambor rompía la quietud, iniciando el pasacalles desde la Esquina del Convento para abrir esta Histórica tarde.


Emocionados, nuestros hermanos cofrades visitantes lucían sus mejores galas tras el estandarte de la JHP, abrian ellos el cortejo, demostrando que la Semana Santa es más un vínculo que una rivalidad entre pueblos. También daba gloria ver a los penitentes de nuestras cofradías, vestidos con su traje de gala, intercalando cirios y báculos, capuces, verdugos, cascos y velos, en una muestra de que nuestra Semana Santa es un mosáico multicolor que se mantiene unido, fuera de rencillas y rivalidades. Así lo demostraban los anderos, que no tenian problema en, una vez más, mezclar colores en las varas para ayudar al Nazareno, porque no era sólo el Nazareno quien salía anoche a la calle, era la Semana Santa de Cieza en pleno apoyando a una de sus más antiguas cofradías, mostrando a los ciezanos que en realidad no hay colores, que la lealtad de los cofrades ciezanos es sólo una.

Maravillaba ver a la Coronación de Espinas salir por una calle Cánovas del Castillo repleta de espectadores, abriendo esta jornada histórica. Era la Medina quien la acompañaba. No pocos recordaron en ese momento una tarde similar de octubre de 2014, cuando veían desfilar también a la Coronación bajo la luz del día. Sin embargo, pronto se trasladaban a la familiar noche de Miércoles Santo, con Jesús sangrando y sufriendo el tormento y la burla del espino atravesando una Esquina del Convento en la que ni un alma cabía mientras sonaba "Y al tercer día". Y de ese híbrido ciezano y andaluz que tan magistralmente interpreta la Siyasa, la vista recorría las filas de 17 colores hasta encontrarse con el rosal de Carrillo, saliendo con esa elegancia tan ciezana de su talla y de su andar. Lucía el rosal encendido, aun cuando el sol no había dicho aún su última palabra, encaramándose coqueto hacia las nubes, mostrando lozano a su más preciada rosa, la morena de los ojos brillantes y la melena airosa, nuestra Santa, la Salomé. No hay mayor maravilla ni estampa más ciezana que verla salir de la Casa de los Santos al son de Semana Santa Ciezana. Al verla, con su elegante luto sereno, viajábamos de nuevo a las frías noches de Viernes Santo, recreándonos en su dulce vaivén al característico sonar de las piezas más clásicas del repertorio ciezano y nacional interpretado por nuestros tan queridos "No Tenemos Prisa". Y era imposible recordar que estábamos en octubre porque, en la Plaza Mayor las puertas estaban abiertas y el último rayo solar las iluminaba igual que hace la primera de las luces de la mañana del Calvario. Allí, mientras Ecce Homo hacía rugir sus cornetas con gallardía, Jesús Nazareno salía, acompañado de toda su Cofradía. Hacía tiempo que no se veían tantas filas de nazarenos vestidos del elegante terciopelo negro. Tercio Infantil, báculos y cruces, todos ellos acompañándote a Ti, Señor, porque por Ti suspiran cada día del año, aguardando esa mañana en la que con gusto tomarán su Cruz y te seguiran a dónde Tú vayas.



Cómo no recordar ese momento en que Tú, Señor, pasabas la esquina de la Calle Santo Cristo a los sones de "La Pasión", o no sonreir al darte cuenta de la curiosa situación de ver a la Cofradía del Nazareno observar el manto de la Salomé de frente, cuando normalmente se tienen que girar para ver su bello rostro. y no soltar un suspiro al verla a Ella desfilar tan garbosamente con una Banda de Música, que le favorece tanto como la corneta realza la fuerza del paso de la Coronación. Y era imposible no fijarse en los rostros de los niños y verse reflejados en ellos, pues una vez fuimos así. Al verte, Señor, conseguías lo que nuestras madres nunca lograron, que nos calláramos y nos quedáramos envelesados en tu imagen. En los relucientes ojos ilusionados de los más pequeños es dónde estaba el triunfo más grande de esa noche.

Se nos iba haciendo corta la procesión. Al ver entrar a la Coronación, sentía una punzada de dolor en el pecho, y las lágrimas se me escapaban irremediablemente de los ojos al ver entrar a la Salomé, envuelta en el recogimiento del Santo Entierro mientras sonaba "La Cruz de Doble Brazo". Y la emoción me embargaba al escuchar el estreno de mi "María Salomé, Luz en el Luto", que tan primorosamente interpretó la Medina en la Calle del Barco, dónde volvieron a rendirte honores, como hacen cada Martes Santo, pero esta vez con la histórica estampa de verte a Ti, de noche, con tu Cruz y atravesando la árdua estrechez de la Calle de la Hoz.

Y ahora he vuelto aquí, Señor, a sentarme junto a Ti en este banco, a recordar contigo todo lo que por y para Ti hemos vivido estos días. He venido a darte gracias por todo ello, que no terminará hasta que volvamos a reunirnos para devolverte a tu capilla, dónde aguardarás a la primavera. He vuelto a tus plantas, en fin, a darme cuenta de que Cieza por Ti es Nazarena, y ese legado te lo agradecían en esa noche que era para Tí y para nosotros, tus hijos cofrades, hasta el punto de llenar de nuevo la Plaza Mayor para despedirte frente al pórtico de la Gloria y para decirte, como yo te digo ahora, que siempre estaremos esperando a que sea Martes Santo para, cual Armaos, rendirnos a tus pies, Nazareno.


REPORTAJE DE LA PROCESIÓN EXTRAORDINARIA 
325 ANIVERSARIO DE LA REAL COFRADÍA DE JESÚS
-NAZARENO-

A TUS PIES, NAZARENO


viernes, 5 de octubre de 2018

DIVINA MADERA: ¿A QUIÉN BUSCÁIS?

Cúanto no estará grabada la Semana Santa y sus únicos momentos en el corazón y la memoria de los ciezanos que no hay nada más cotidiano en la Perla del Segura que ir un grupo corriendo a algún sitio y que alguien pregunte "¿A quién buscáis?" y que alguno del grupo o varios de ellos a coro respondan "A Jesús, el Nazareno".  Y no hay mayor verdad en Cieza, sea cual sea el momento. 

Pongámonos por un momento en situación. Es una tarde tranquila y no tienes nada que hacer, vas paseando por el tranquilo discurrir de las calles del Casco Antiguo. Entras por casualidad hasta la calle San Pedro y, antes de entrar a la Plaza Mayor y seguir hacia la castiza calle del Cid, miras a tu izquierda y ves que las rejas de la puerta de San Pedro están abiertas y decides entrar a hacer una visita al templo, ese templo que tantos y tantos recuerdos encierra entre sus naves. Si es abril, irás derecho al altar a saludar al Santo Cristo; y, si es septiembre, lo más seguro es que busques el dulce rostro sonriente del la Virgencica del Buen Suceso. Si no, quizás vayas a arrodillarte ante el Santísimo y después visitarás a los distintos titulares de las cofradías.Irás a recordar un Lunes Santo con el Cristo de la Sangre y un Viernes Santo con el yacente, buscarás también el magnífico crucificado de la Misericordia y te estremeceras ante la dolorosa y serena belleza de la Piedad y del Cristo de la Agonía. Y apreciarás la maestría de la gubia de González Moreno en la desesperada mirada del Amarrado y en la serena majestuosidad del Ecce Homo. Y le dedicarás una sonrisa a San Juan, y te lamentarás, mirando a tu derecha, de que no puedas llorar junto a la Soledad. Y, quizás, te acuerdes de que, junto al Sagrario, la Virgen del Amor Hermoso te espera para recordarte que después de la Muerte viene la Resurrección. Sin embargo, en todas esas vueltas y devenires por entre los bancos y las columnas, la mirada inevitablemente se te va hacia el Altar Mayor y hacia el retablo que, silencioso, custodia al Nazareno. Puede que no te acerques, a fin de cuentas, el cristal refleja y cuesta verlo en la semipenumbra de la basílica, pero cada vez que miras, algo en ti te invita a mostrar un pequeño gesto de respeto ante la efigie de Jesús, el Nazareno.

Es Nuestro Padre Jesús una talla de vestir, envuelta siempre en terciopelo morado bordado primorósamente en oro. Representa a Cristo caminando, con la espalda encorvada y el rostro, con esas policromías violaceas propias de Pinazo, reflejando la angustia y el dolor del suplicio. Sin embargo, cuando consigues mirarle a los ojos, que miran hacia abajo, te das cuenta de que, en medio de su tormento, se mantiene firme en la Misión que el Padre le ha encomendado. Su frente sangra, los Martes Santos son gotas de sudor derramadas en la agonía del Huerto, los Viernes Santos, sangre que se derrama de las espinas con que lo coronaron el miércoles por la noche. Los Martes Santos agacha la cabeza y camina humilde de camino al Sanedrín, los Viernes Santos toma su Cruz y sigue el camino marcado por el Padre, el camino que le llevará a morir para redimirnos, encorbado bajo el inhumano peso del dorado madero. Sin embargo, aunque su cuerpo refleje el cansancio y el dolor, Jesús Nazareno guarda en su mirar la serenidad y la determinación de quien se sabe cumpliendo su destino. 

Esa mirada, firme y serena, es la que hace a los ciezanos girar la cabeza hacia Él cuando pasean por la basílica, lo que despierta la devoción y el respeto en niños y mayores que, a su paso por las calles de Cieza, guardan silencio y se ponen en pie como muestra de pleitesía al que muchos llaman "El Señor". Por eso, aun en penumbra, tras su cristal, es inevitable que reciba las miradas y muestras de respeto de cuantos entran en la Asunción. Cuando entras por la calle San Pedro, es a Él a quien primero ves, cuando pasas a saludar a Cristo Sacramentado, vuelves la mirada a Él; cuando miras al altar, sin quererlo, tuerces el rostro hacia su retablo.

Desde bien antiguo, Jesús Nazareno tiene un lugar de honor en el devocionario popular Ciezano. A pesar de el cariño que guardamos por nuestra Madre, Cieza nunca ha sido un pueblo mariano, no en vano es el Santo Cristo el Rey de los Corazones. Antes de rezar a la Dolorosa, Cieza se rinde al Medinacelli y, antes de mirar a la Soledad, buscan a quien durante largos años fue su compañero de altar y cultos. Al mirar a Nuestro Padre Jesús Nazareno, los ciezanos miran cara a cara la historia de su Semana Santa. Aunque la talla sea del año 42, su similitud con la que ardió lo reafirman como guardián de la Cieza más añeja e impasible defensor de sus tradiciones procesionistas. No es sólo una imagen, es el Patrón de los semanasanteros ciezanos, el modelo de los que participan de esta bendita locura. Por eso, cuando este 6 de octubre lo veamos desfilar por nuestras calles, una vez más cargando con su Cruz, aprendamos de Él, fijémonos en su ejemplo y busquemos de verdad a Jesús, el Nazareno.


miércoles, 3 de octubre de 2018

MÚSICA Y SEMANA SANTA: LA SALOMÉ

Resulta curioso que, siendo una de las cofradías de mayor raigambre e historia en nuestra Semana Santa, la Real Cofradía de Jesús - Nazareno - sea una de las que menor y más tardío patrimonio musical tiene. Quizás fuera la guerra, o el simple paso de los años, quien borró de la memoria de Cieza y de su Semana Santa las partituras dedicadas a la devota imagen de Jesús Nazareno o quizás nunca llegó a tener obras originales. No fue si no hasta 1999 que el maestro García Alcazar escribía los primeros pentagramas pasionarios dirigidos al Señor del Martes Santo, mas con el desgraciado condicionante de que al Nazareno raramente se le ha visto con una banda de música, y las pocas veces que eso ha acontecido, "Nazareno de Cieza" no ha sonado. Y no será porque la Cofradía de Jesús haya estado ajena a la música. Esta hermandad siempre ha estado relacionada con los sones de cornetas y el retumbar de los tambores. Ya desde antiguo tenemos constancia de que eran estos militares instrumentos acompañaban a Jesús en su camino al Calvario, teniendo su propia banda hasta bien entrado el siglo XX. Quizás sea también la limitada capacidad de las cornetas de aquellos tiempos la que impidió al Nazareno tener su propia marcha hasta el día de hoy.

En el año 1953, apenas una década después de haber resurgido de las cenizas del 36, en un afán de recuperar el antiguo esplendor de la Cofradía, llega a Cieza una de las más populares imágenes de su Semana Santa: Santa María Salomé. Mas no fueron sus morenos rizos, dignos rivales de la áurea cabellera de la Magdalena, ni el esplendoroso rosal de Carrillo, obra maestra de la tronística ciezana, los únicos grandes legados que la Santa Mujer nos trajo. Sería en 1960 que Ella, que tanta popularidad ganó, inspirara al Maestro Gómez Villa la primera de las que serían las grandes creaciones que realizara para la Semana Santa de Cieza: los Pasodobles.

Como ya decíamos en aquel artículo de la Cuaresma 2017 CIEZA Y SU MÚSICA, no hay nada más puramente ciezano que los pasodobles de su Semana Santa. A pesar de su gran trabajo como director de la Banda Municipal y de las Orquestas de San Juan y la Verónica, y su labor compositiva, la mayoría desconocida y caida en el olvido a día de hoy, el nombre de d.Antonio León Piñera ha pasado a la historia de nuestro sentir semanasantero por sus tres grandes pasodobles, el de la Verónica, el de San Juan y el Himno del Santo Cristo. Grandes por la popularidad de la que aún gozan más de un siglo después de su creación, que no por sus dimensiones, siendo composiciones de caracter muy popular y de poca longitud, de facil memorizacion y populares letras que todo ciezano conoce. Es siguiendo la estela de estas tres obras que José Gómez Villa compone el pasodoble de la Salomé. Tal es su similitud con el de la Verónica que no son pocos los ciezanos que creen que pertenecen a la misma pluma.

Si bien el Himno del Santo Cristo no encaja en el esquema por su forma de canción con estrofas y estribillo, los otros dos (San Juan y Verónica) si que mantienen la estructura que utilizará Gómez Villa en 1960. Consta el pasodoble de la Santa de tres secciones diferenciadas. Comienza con una introducción en forte a modo de llamada. Tres compases que ya definen ese carácter alegre y a la vez meñancólico que tan perfectamente encajan con esa mañana de Domingo de Resurrección en que los procesionistas ciezanos se debaten entre la alegría de la Pascua y la nostalgia de la Semana Santa que ya acaba. A esa introducción le sigue el primer tema, interpretado por las maderas agudas tiene, como es habitual en este estilo, una melodía pegadiza y cantable, a la que fácilmente se le puede añadir una melodía a modo de himno (como es el caso de San Juan y de la Verónica). Este tema se repite y el saxo tenor y bombardino entran con un delicado contracanto a la melodía principal. Continúa el pasodoble con un breve Tutti que se interpretará dos veces a modo de respuesta al primer tema y de enlace con el dulce trío. Esta sección contrasta con la primera, dándole vida y tensión al pasodoble y llevándonos al descanso que nos ofrece el trio. 

Hasta este punto nos encontrábamos en la tonalidad de Do menor, la que los clásicos definian como la tonalidad patética o fúnebre, asociándola con la muerte y el dolor. Sin embargo, el potente final de la sección intermedia desemboca abruptamente en un piano de clarinetes y saxos en Do Mayor, la tonalidad que encarna para muchos autores la alegría y la inocencia más pura. Ese viaje tonal bien pudiera simbolizar la mañana de Pascua en que, aun guardando luto, las Santas Mujeres fueron al sepulcro a embalsamar a Cristo y se encontraron con la mayor alegría: el Sepulcro está vacío. Así el trio viene a ser casi un reflejo alegre del melancólico tema principal, repitiéndose este en un tutti final.

Como decíamos, facilmente se puede interpretar este pasodoble como una descripción del sentimiento de la Salomé en la mañana de la Resurrección. Ella sale de la Casa de los Santos, a paso ligero por las umbrías calles del casco antiguo, aún rumiando los luctusosos sucesos del Viernes Santo. Va ligera hacia el Sepulcro, a embalsamar el Cuerpo del Señor. Al llegar, en el Sepulcro abierto de la Esquina del Convento, se lamentan entre grandes aspavientos que hayan robado el Divino Cuerpo. Sin embargo, se callan abruptamente cuando la dulce voz de los ángeles les anuncia la Buena Nueva, noticia que la Santa pregonará a los 4 vientos con toda su alegría: CRISTO HA RESUCITADO.

El pasodoble de la Salomé no es sólo un pasodoble, es la prueba de la dedicación de Gómez Villa por su Cieza y su Semana Santa, su respeto por el legado de la tradición musical ciezana, iniciada por d.Antonio León. Y, además, consciente o inconscientemente, lo convirtió en una catequesis musical sobre el Evangelio de la Resurrección. Y, al margen de todo eso, es la banda sonora que para muchos ciezanos ilustra el final de su Semana Mayor, una semana que para los cofrades del Nazareno termina cuando por la calle Cánovas del Castillo se pierde el manto de su Santa, al son del pasodoble de la Salomé.




viernes, 28 de septiembre de 2018

BENDITO OCTUBRE

Septiembre ya se aleja. Ay, septiembre, que tantas penas y agobios nos has dado, y tantas alegrías. Septiembre, tan voluble y tan cambiante, has resultado ser también tan volátil como tus veraniegos predecesores. Parece que fue hace un momento aquella mañana en que llorábamos por no poder bajar en Romería con nuestra Madre y ahora los llantos de despedida a esa misma Divina Mujer que derramábamos ante su santuario se pierden en la memoria... y eso que no ha pasado más que una semana.

Pero Ella, nuestra Virgencica del Buen Suceso, que nos conoce y sabe lo que es bueno para nosotros, se va. Vuelve a su Santuario con la promesa de volver cuando otro verano acabe. Ahora nos trae el otoño, tan necesario para descansar del calor, y nos deja abiertas las puertas de Octubre, ese bello mes que nos hace añorar el florido marzo.

Llega Octubre ahora. Qué hermoso tiempo el de octubre. Su nombre ya hace resonar en nuestra mente la melodía añeja que tantas veces hemos oido entonar a nuestras abuelas, rescatada del sueño de la memoria. Sólo oir nombrar Octubre, nos parecer ver ya el rostro de nuestra Madre, sonriente aun entre las lágrimas. Ella, que es la Esperanza, nos espera en las mañanas de Domingo. Los que cada aurora acudimos a sus plantas, a caminar en la semipenumbra de las calles desiertas, a rezar cantando junto a María los misterios de nuestra fe, codificados en forma de camino de rosas, sabemos bien que ni el frio ni el cansancio podrán impedirnos participar en esa bella tradición. Octubre, mes del Rosario. En esas solitarias madrugadas de oraciones y plegarias, la Virgen de Gracia nos va recordando que para Ella la vida tampoco fue facil, desde el día en que Dios la escogió, haciendola pasar por la dura prueba de entregar a su Hijo.

Y ahí está la magia de octubre. Envuelto en rezos y avemarias, octubre es capaz de transmutar el otoño en primavera y convertir el gozoso Rosario de la Aurora en un doloroso Rosario de Pasión, cuyas cuentas serán de 18 colores, aglomerados bajo una vara. Octubre se convertirá por una tarde en Marzo, y nuestras calles volverán a perfumarse con ese olor a rosas, incienso, cera quemada y torta de pan dormido que impregna los grandes recuerdos de nuestra infancia. La Casa de los Santos abrirá sus puertas, acogiéndonos con los brazos abiertos. Y, al redoble de un tambor y el toque de una corneta, cuando salga a la calle el Estandarte de la Junta de Hermandades, la tarde de un sábado se convertirá en noche de Miércoles Santo, y todo volverá a empezar.

Ya en estos días, últimos de septiembre y primeros de octubre, el pueblo parece agitarse en su duermevela. Cieza se está despertando antes de tiempo y el reloj se queda sin cuerda antes de lo previsto. Quizás fue una túnica del color de la noche quien se ocupó de darle cuerda al reloj de la larga espera el pasado abril, y le dió unas pocas vueltas de menos. Porque la cuenta atrás, que marca aún 198, repentínamente está ya en 7. Cieza, como decía, está revolviéndose en su sueño, ligero de más, y ya da muestras de querer despertar. En la tintorería se ven rezagados terciopelos de colores, la casa de los santos, con las puertas abiertas tan sólo por una rendija, bulle en un ir y venir de varas, galas e imágenes, algún balcón ya deja ver tímidamente una colgadura, y en las panaderías ya amasan el dulce pan dormido de la Pascua. ¿Qué ocurre para tanto revuelo? ¿Qué pasa en una semana, que esperar ya no puedo?

Pues ocurre que octubre acoge la celebración de una gran efeméride. Celebramos este día 6 que, hace 325 años, los ciezanos querían más de su Semana Santa, y se unieron para fundar una cofradía que sigue siendo, aun hoy en día, una parte fundamental de nuestra procesiones, y el gérmen de la Semana Santa de Cieza tal y como hoy la concebimos. La Real Cofradía de Jesús, EL NAZARENO. Será en pos de sus enlutadas túnicas que a las siete de la tarde de ese sábado, Cieza pase de octubre a Marzo, de la tarde a la noche, de un sábado a Miércoles Santo, mientras vemos salir y pasear por nuestras calles a la Coronación de Espinas. Veremos caer la tarde en la Plaza Mayor, y el último rayo de sol se nos antojará como la primera luz de la Mañana de Viernes Santo, acariciando el dintel del pórtico de la Asunción para recibir al Señor, a Jesús Nazareno cargado con su Cruz, guardián impertérrito de nuestras raices cofrades. Y ya habrá caido la noche cuando el luminoso rosal de Carrillo se haga presente en la calle Cánovas del Castillo, mostrando a su más bella flor, a Santa María Salomé. Ella, con su serena y melancólica mirada nos hará revivir la seria y solemne noche del Santo Entierro, volveremos con ella a llorar por Jesús muerto. Pero también con ella reiremos y lloraremos cuando, a su regreso, vuelva a nuestra memoria la Mañana de Pascua y nos parezca escuchar como un eco en las añejas paredes del casco antiguo su pasodoble. Y entonces el luto se convertirá en danza, y el llanto pesaroso del entierro, se convertirá en Alegría de Resurrección y, al mismo tiempo, en lágrimas melancólicas que anuncien el final. Será ante la Puerta de la Iglesia donde nos reunamos para ver entrar, como antaño, a Nuestro Padre Jesús, con su Cruz, por la calle de la Hoz, recorriendo sus últimos metros de calvario. Y, ante su efigie, en silencio, nos maravillaremos de nuevo con la magia de nuestra Semana Santa.

No es la historia de una cofradía lo que celebramos. Es la historia de nuestra Semana Santa. Es la historia de nuestro Pueblo. Cuántos ciezanos no se habrán encomendado a su Divina Intercesión, cuántos no se habrán postrado ante su misericordiosa mirada, pidiéndole amparo y protección, rogándole apoyo y fuerzas en esos momentos en que nos faltan. Celebramos que gracias al Nazareno hoy tenemos Prendimiento... y Armaos que prendan a Jesús. Que gracias en última instancia a Él y su cofradía, hoy en la calle Cartas se levanta una casa que cada Martes Santo se convierte en Huerto de los Olivos para acoger a Cristo Orante y que cada Viernes Santo se transforma en Sepulcro para que Cristo duerma en su cama. Que gracias a la Cofradía de Jesús, a los de la Agonía los podemos llamar "los Azotes", porque fueron ellos los que antaño trajeron al Amarrado a nuestras procesiones. Y que gracias a ellos también, cada Domingo de Resurrección rendimos pleitesía a Cristo Resucitado en la Cortesía. No es sólo una hermandad, es el homenaje a aquellos que nos precedieron en nuestro afan procesionista. Por eso os digo, haciendo mias por enésimas vez las palabras de aquel pregón de sevilla. ¡Esperad, mis impacientes ciezanos, para tocar el cielo con las manos, nos falta solamente una semana!


viernes, 23 de febrero de 2018

CUARESMA 2018: TRES SIGLOS Y CUARTO DE HISTORIA

No podía faltar este año en Pensamientos de un Ciezano una entrada dedicada a la efeméride de este año. La Semana Santa de Cieza este año se viste de color negro y morado, los colores del luto y la penitencia, los colores que definen a la cofradía más antigua de las existentes en nuestra localidad, sin la cual no existiría nuestra Semana Mayor tal y cómo la conocemos. Celebramos el 325 aniversario fundacional de la Real Cofradía de Jesús -Nazareno-.

Aunque la cofradía se funde en 1692, tal como recoge un acta notarial de dicho año, de las imágenes del Nazareno y la Soledad ya tenemos referencias cerca de medio siglo anteriores, pues estas llegarían a Cieza en el seno de la antiquísima y extinta cofradía de la Sangre. Según el historiador ciezano, Alfredo Marín Cano, esta separación se debe tanto al anhelo de la hidalguía local de desligarse de una cofradía como la de la Sangre, integrada por trabajadores mayoritariamente, como a las disensiones entre la vieja y la nueva nobleza, inscribiéndose unos en la del Nazareno y otros en la de la Soledad. Así se denotaba en su disposición en la Iglesia, quedando ambas imágenes en capillas separadas.

A principios del s.XVIII, el panorama cofrade en Cieza será un reflejo de la división social de la época, aglutinándose la aristocracia local en torno a la Cofradía de la Soledad mientras que la de Jesús Nazareno, como ya lo fuera con anterioridad la Cofradía de la Sangre estaría integrada mayoritariamente por el Pueblo Llano. erigiéndose así en su principal heredera. De esta forma, la cofradía del Nazareno conservaría la primitiva imagen del Cristo mientras que la de la Soledad, establecida definitivamente en 1730, encargaría en 1749 una nueva imagen de María Santísima a Francisco Salzillo, con la que desfilarían, además de la noche de Viernes Santo, la mañana de ese día, acompañando a su hijo camino del Calvario y la noche de Jueves Santo en la Procesión General. 

Ambas cofradías, Nazareno y Soledad, son el gérmen de nuestra Semana Santa. El Nazareno, pocos años después de su fundación, se hará cargo del paso del Santo Sepulcro, añadiendo durante el siglo XIX distintos pasos icónicos de nuestras procesiones (La Oración del Huerto, la Flagelación y Jesús Resucitado). En torno a esta hermandad surgen también los populares Armaos, llamados originalmente "Hermandad de la Convocatoria de Jesús" por ser ellos quienes, los días y las horas previas a las procesiones, convocavan con sus pasacalles al pueblo a las mismas. También la Soledad pues, debido a la crisis deribada de la guerra de independencia a principios de este siglo, dejará de procesionar en las procesiones General y del Penitente, llegando así para sustituirla la imagen de la Dolorosa, atribuida a Roque López.

Merece en este texto un apartado propio "el Prendimiento", piedra angular de la relación entre Romanos y el Nazareno. Curiosamente, el primer testimonio escrito del popular acto sitúa el Prendimiento en el Convento de San Joaquín, no pudiendo determinarse si esto se debió a un hecho extraordinario o si originalmente se realizaba allí y con posterioridad se trasladaría a la Parroquial de la Asunción o a la Plaza Mayor, donde el resto de escritos posteriores lo sitúan. El acto en sí constaba de tres partes, tal y como se vino haciendo hasta su remodelación en el año 1996. Comenzaba con el Sermón del predicador, seguido del momento en que los Armaos irrumpirían en la iglesia para, tras la famosa conversación entre el sacerdote (encarnando a Cristo) y el jefe del tercio, llevarse a paso ordinario a Jesús Prendido por las calles de la carrera. Esta última parte cambiará cuando, en el pasado s.XX, se añaden nuevas imágenes a la procesión.

El siglo XX y sus inestable panorama político supone un duro periodo para las cofradías, que atravesarán por las mismas crisis que la Nación, culminando todo en el fatídico agosto de 1936 en que el leño venerado como Jesús Nazareno, junto a tantas otras efígies, ardiera para siempre. Estos años de guerra supuso la muerte de la Semana Santa, que resurgirá al mismo finalizar el conflicto, comenzando a recuperarse el patrimonio y las tradiciones. Así, en 1942, la que fuera la Cofradía más numerosa y popular, se disgrega en 3: la propia Cofradía de Jesús, que encargará la reconstrucción de su titular al valenciano Ignacio Pinazo para ese mismo año, la de la Oración del Huerto, cuyo gérmen ya encontramos unos años antes, y la de Jesús Resucitado. 

Ya en las últimas décadas, la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno se ha mantenido como nexo de unión entre la Semana Santa pasada y la presente, en la diferencia del color de las túnicas, vestigio de un régimen social en que la separación por clases estaba más que delimitada y en la conservación de tradiciones tan ciezanas como el Prendimiento y apostar musicalmente por la corneta, algo cada vez más en desuso en nuestra Cieza, cuando siempre fue un sonido fundamental de nuestra Pasión. No obstante, también ha aportado grandes imprescindibles de nuestra Semana Santa. La serenidad en la noche del luto y la fe firme en la Resurrección de la mañana del Domingo que transluce María Salomé, encaramada al rosal que le tallara el maestro Carrillo por trono y acompañada de los alegres sones de su ciezanísimo pasodoble del maestro Gómez Villa. Y ya en los últimos años, la barroca expresión de Dolor y Resignación de Jesús Coronado de Espinas, que completa el relato pasional de la Procesión General.

Siglos de historia, de una Hermandad, de una Semana Santa, de un Pueblo que vive por y para esta celebración. Tradición perpetuada a lo largo de los años y novedad dentro de la murciana estética pasional de Cieza. Eso es lo que recordamos y ensalzamos al celebrar en este año el 325 aniversario de la Real Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno